Shock de inversión

La semana que termina, otra vez, un gobierno ha anunciado shock de inversiones. Este tipo de sacudones, como ustedes saben, suelen anunciarse cuando el clima económico y político no va bien. La novedad es que ahora hay más plata que nunca en el Tesoro y una cartera inmensa de inversiones privadas detenida que viene del gobierno anterior. Pero tantas veces ha sonado esta trompeta sin que pase nada, que solo provoca un par de titulares en los medios cuando debería repercutir como política pública seria.

| 25 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.4k Lecturas
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La metáfora “shock de Inversiones” solo funciona para la inversión privada ¿Y qué aconseja el MEF para la inversión pública congelada?, por el momento nada. Me parece, poniéndonos metafóricos también, que la inversión pública, que ahora como nunca tiene harta plata, no requiere un shock de inversiones sino un electroshock de gestión que le reanime el corazón y me refiero al corazón de todo el Estado, Nacional, Subnacional y Local.

Este es un asunto complejo. Implica cambiar las reglas de juego de la inversión pública que son más propias de una carrera de obstáculos que de una de velocidad que es la que necesita urgentemente nuestra pobreza. El bienestar macroeconómico que hoy conocemos ha revelado la aguda incapacidad de gasto del Estado. Antes no se notaba tanto, no teníamos qué gastar. Ciertamente esta incapacidad se nota en democracia, bien sabemos los peruanos que las dictaduras son diligentes en evaporar el dinero público, es decir transferirlo con un “enter” a cuentas cifradas en paraísos fiscales.

Un shock de gestión exigiría primero, un relevamiento de todos los obstáculos que tiene que atravesar la gestión estatal para llevar un proyecto del papel a la vida real. Con este diagnóstico, diseñar una ruta que simplifique el camino y elimine todo aquello que ha demostrado que no añade nada al proceso de inversión salvo lentitud, desánimo y retorno virtual al Tesoro Público de lo que no se gastó.

La vida de un proyecto de inversión pública nace en el sector y termina en el MEF, entre partida y meta se ubican al acecho la Contraloría General de la República, la OSCE, el SNIP, organismos que supuestamente deberían otorgar legalidad, transparencia y racionalidad a la inversión pública; sin embargo, la percepción ciudadana no percibe ni mayor racionalidad, ni menor corrupción en las obras del Estado, pero sí postergaciones, sobrecostos y miles de funcionarios con procesos administrativos abiertos. Desde esta perspectiva se comprende mejor la iniciativa -acertada en el fondo pero equivocada en la forma- del presidente del Congreso para facilitar la inversión en los distritos más pobres del Perú.

Hoy el funcionario público sobrevive en la selva de la inversión pública y conoce que para alejar la desgracia debe hacer el muertito, no firmar y mirar el infinito; así, lo peor que le puede pasar es ser despedido recibiendo las gracias por los servicios no prestados al Estado.


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Javier Sota Nadal

Opinión

Arquitecto