Seré como Guerrero

Al despertar, al siguiente día del empate entre las selecciones de fútbol del Perú y Uruguay en la Copa América, Marcial, ese chibolo que siempre es un crítico mordaz del cuadro peruano, gritó gol.

Por Diario La Primera | 06 jul 2011 |    
Había soñado que jugaba para la selección peruana y que había hecho varios goles e inclusive había concretado ese tanto de palomita que Paolo Guerrero falló tras el pase gol de Juan Vargas.

Cuando Marcial bajó del segundo piso lentamente y con dificultad, su madre y su hermano mayor ya estaban en el comedor esperándolo con el desayuno servido. Su padre murió cuando él saltó a la vida de nuevo.

Antes de probar un solo bocado, empezó a decir que la selección de fútbol es lo máximo y que él sabía que hará un papel histórico en la copa.

“Ya cállate, Marcial. Toma tu desayuno nomás. Antes del partido con Uruguay criticabas a la selección y ahora te acomodas”, dijo su hermano mayor.

Martín calló y empezó a encargarse de su desayuno sonrojado, un poco triste. “No les hagas caso”, dijo su madre. “Te calla porque él no sabe de fútbol”.

Su madre sabe muy bien cuánto le gusta el fútbol a Marcial, porque cuando estuvo dentro de ella sentía ya sus pataditas, las cuales la hacían tan feliz.

Marcial tiene diez años de edad, pero es un gran expositor y un polemista muy bueno; pero esta vez sintió que había entrado en una flagrante contradicción y no pudo defenderse de su hermano.

Siguió tomando desayuno sin prisa ni presiones. Su hermano acabó de comer y salió de la casa como si nada hubiese pasado. Su madre le dijo a Marcial: “Hubieses empezado tu elogio a la selección admitiendo que te habías equivocado y que fue un error tuyo decir antes del partido con Uruguay que todos los seleccionados deben dedicarse a la pesca. Tienes que aprender de mí”. “Gracias, mami”, dijo y se llevó a la boca un pan con mermelada que tanto le gusta.

—Ay, hijito, cómo están tus piernas.

—Ahí, ahora me demoro menos en bajar ¿no?

—No —dijo su madre y sonrió. “Cuando ese maldito carro te atropelló a ti y a tu padre pensé que los había perdido a los dos. Dios me regaló tu vida y me quitó la de tu padre. Pensé que jamás volverías a caminar. Te cuento y no lo tomes a mal, hijo, pero me hubiese gustado que hubieras sido futbolista”, agregó su madre y se puso a llorar.

—No llores, mami. Me estoy curando, ya puedo subir y bajar escaleras ¿no? Tranquila. Ya verás que seré como Guerrero. Lo haré por papá.

    El Escorpión

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