Ser trabajador está prohibido

Un grupo de exministros y exviceministros de Trabajo, así como abogados laboralistas, publicaron el 27 de enero en un diario de circulación nacional, un comunicado público en el cual denuncian que el gobierno en la ley de Presupuesto, no solo desconoce el derecho laboral y el fuero arbitral, sino que también viola los derechos constitucionales de los trabajadores estatales.

| 03 febrero 2013 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.8k Lecturas
Ser trabajador está prohibido
DICTADURA DEL ESTADO
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Según los firmantes, la Ley de Presupuesto del Sector Público para el año 2013 establece en materia de negociación colectiva lo siguiente: a) Prohibición de incremento de remuneraciones a trabajadores estatales mediante negociación colectiva o arbitraje; b) Nulidad de pleno derecho de los acuerdos, resoluciones y laudos que incumplan la prohibición de incremento de remuneraciones; y c) Los árbitros que incumplan dicha prohibición no podrán ser elegidos en procesos arbitrales futuros del sector público.

Dicho en palabras más sencillas: se prohíbe el aumento de salarios en el sector público, se niega la negociación colectiva y/o arbitral, y se sanciona a todos aquellos árbitros que osen participar en una negociación para aumentar los salarios. Una verdadera dictadura del Estado, mejor dicho del ministro de Economía, Miguel Castilla, sobre los trabajadores públicos y también sobre los sindicatos existentes en ese sector.

La idea de que los trabajadores no tienen derecho a la negociación colectiva, a la demanda de aumentos de salarios y a la formación de sindicatos, es uno de los pilares del edificio neoliberal aquí y en todos los países donde se ha implantado esta política.

El objetivo -siempre ha sido así por lo demás- es debilitar la fuerza sindical para imponer una abierta dictadura del capital sobre el trabajo y aumentar sus ganancias. En este caso, es el propio Estado, con esta medida, el que anuncia que nada cambiará en la relación capital-trabajo. El fujimorismo sigue gobernando el MEF.

David Brooks, corresponsal del diario La Jornada de México, afirma en uno de sus artículos que “la tasa de sindicalización de los trabajadores en Estados Unidos se desplomó a su nivel más bajo en casi un siglo… La oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos reportó que la tasa de sindicalización total (sector privado y público) se redujo en 400 mil agremiados durante 2012, aun cuando la fuerza laboral empleada se incrementó en 2 millones 400 mil. Con ello, la tasa de sindicalización se redujo a solo 11.3 por ciento. Es el nivel más bajo en 97 años. Peor aún, la tasa de sindicalización en el sector privado se desplomó a solo 6.6 por ciento el año pasado (del ya muy bajo 6.9 por ciento en 2011). Vale recordar que hace medio siglo, 35 por ciento del sector privado estaba sindicalizado”.

No es extraño, en este contexto, que la desigualdad y la pobreza hayan crecido en ese país y que el 1% más rica, prácticamente, haya cuadriplicado sus ingresos entre 1979 y 2007 al incrementarse en 275%.

Y es que en realidad, para los neoliberales, que hoy gobiernan el MEF, aumentar los salarios conspira no solo contra la disminución del costo unitario de producción, sino también contra la propia ganancia del capitalista.

La idea, como dice Von Hayek (“Sindicatos ¿para qué?”) de que el aumento de la productividad “media del trabajo en la industria es el resultado de la inversión hecha en ella y no refleja en modo alguno el valor que el trabajo de un hombre añade a su producción”, determina que no se tome en cuenta, por ejemplo, una mayor capacitación y destreza del trabajador en este proceso.

El trabajo no cuenta y sí el capital. Por eso, Hayek dirá que cualquier participación (léase como aumento de salarios) cuando se incrementa la productividad es un “intento de expropiar ese capital”. El expropiador para Hayek son los sindicatos.

Ello explica el porqué los ajustes neoliberales se inician flexibilizando el mercado laboral, disminuyendo el poder de los sindicatos y del salario real de los trabajadores, y aumentando las ganancias de los capitalistas.

La idea es que el salario real se rezague frente al aumento de la productividad. Esta política la inició el fujimorismo y hasta ahora continúa en el MEF, como lo demuestra el comunicado en mención. Además de mantenerse una política hostil hacia los sindicatos.

El Infodario de Otra Mirada (Nº 106) señala que el año pasado han sido despedidos 50 dirigentes sindicales de manera injustificada y que el 90% de los casos judicializados (que demoran años en resolverse), cuando se despide arbitrariamente, son ganados por los trabajadores. Esto explica, en parte, por qué la tasa de sindicalización en nuestro país es una de las más bajas en la región.

Por ello, si queremos que una política progresista en el Perú ocupe un mayor espacio y tenga bases de apoyo, es necesario (re)crear nuevos actores sociales, entre ellos al movimiento sindical. Por eso es importante recuperar derechos fundamentales como la negociación colectiva por rama para fortalecer al sindicalismo.

En realidad, sin un movimiento sindical fuerte, que agrupe a la mayoría de trabajadores del país de manera unitaria, la lucha contra el neoliberalismo y la teoría del “cholo barato” se hace más difícil. La lucha por la igualdad social y por el cambio de modelo de desarrollo, ubica a los trabajadores como actores centrales. Y esa es una tarea pendiente de las fuerzas progresistas y de izquierda en el país.


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Alberto Adrianzén M.

Disonancias

Parlamentario Andino

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