Sendero y la coca

1).- La confrontación entre “Feliciano” y “Artemio” ha vuelto a poner en el tapete la discusión acerca de la relación entre el narcotráfico y el despliegue senderista durante 1980-1993. En realidad, la coherencia y firmeza mostrada por Feliciano para decir la verdad, contrastó con la vacilación y tartamudeo de Artemio; y la autoridad mostrada también. Recordemos que los dos eran miembros del Comité Central, pero Feliciano era el Nº 3 de la jerarquía y Artemio el Nº 17.

| 04 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 753 Lecturas
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2).- Para entender mejor las cosas, comencemos por el principio. Para Abimael Guzmán, hacer depender la protección de sus grupos armados del follaje de la selva y ceja de selva (hábitat de la coca), donde era relativamente escasa la masa campesina, era un grave error. Que la verdadera protección tenía que ganarse a puro punche, por las buenas o por las malas (¡muerte a los soplones!), encubiertos al interior del campesinado de la sierra. No por algo nombraron en la categoría “fundamental” al Comité Cangallo-Fajardo, donde no se siembra una sola planta de coca.

3).- El primer encuentro con el narcotráfico se da en la ceja de selva ayacuchana (Huanta-La Mar) y, como se sabe, el intento de subordinar a los cocaleros terminó en un largo y sangriento enfrentamiento (1984-1990) donde SL fue derrotado. De ahí nacieron los famosos DECAS (destacamentos de campesinos antisubversivos), con apoyo de los militares, que terminaron también beneficiando al narcotráfico de la zona. Bastaría recordar lo que era la pista para avionetas en Palmapampa en el 85 y el animoso pueblo que se convirtió después del 90.

En la zona del Huallaga, la cosa fue diferente. El “nuevo orden” senderista se instauró en una zona donde la relación con las grandes firmas del narcotráfico era pública y notoria, aprovechando la inacción o complicidad del Estado. Así, con la aceptación de los productores y poceros, SL estableció el sistema de “delegados” encargados de normar y fiscalizar las relaciones económicas entre los productores de la PBC y los “traqueteros” (acopiadores). La demanda de la hoja de coca crecía exponencialmente.

Un productor de coca ganaba alrededor de US$ 2000 por hectárea, de los dólares de fines de los años 80, y tenía que entregar al comité del partido el 20%. Los campesinos que producían menos de 50 arrobas no pagaban. Solo se podía comprar y vender la droga en ciertos lugares públicos donde el partido fiscalizaba las balanzas. Por el uso de pistas clandestinas y de acuerdo al tamaño de la carga se cobraba US$ 15 mil, aunque valgan verdades, ya las bases militares cercanas entraban con ventaja al juego, si no recordar las denuncias del “Vaticano”. Primando el criterio práctico, de la triada de mandos político, militar y logístico, a este último se le encargó la tesorería partidaria: 30% quedaba en el comité y 70% se llevaba la guerrilla.

4).- Sin embargo no hay que olvidar que los 20 mil dólares mensuales que servían para el mantenimiento de la Dirección Central de SL (5 mil para la casa donde vivía Guzmán y 15 mil para los aparatos de Prensa, organización, etc) salían de la academia César Vallejo.


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Carlos Tapia

Opinión

Columnista