Se pasó el pirañón

La empresaria Agripina Ramírez se casó con el empresario Henry Prado con poco amor y malas intenciones. Henry la amaba con locura. Le llevaba el desayuno a la cama. Se bañaba con ella. Preparaba el almuerzo y el lonche. La sacaba a cenar, la sacaba a bailar. Era su única mujer.

| 16 diciembre 2011 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 773 Lecturas
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Hay que precisar que todas las atenciones de Henry enamoraron a Agripina tanto que ella se olvidó de sus malas intenciones. Agripina entonces le confió todas sus cuentas, todos sus ahorros.

Henry empezó a manejar a su gusto el dinero de su esposa. No era poco dinero, porque Agripina se casó después de 15 años de trabajo sin sosiego ni vacaciones a los 35 años de edad. Henry tenía 40 años al momento de darle el sí.

Todo iba bien y nadie entiende hasta ahora por qué razones Henry desapareció justo cuando iba a cumplirse el primer aniversario de la boda.

Agripina lo buscó días enteros en todos los lugares posibles creyendo que había sufrido un accidente lamentable o que había sido secuestrado. Todos empezaron a llorar la perdida del esposo ejemplar, salvo la familia de éste.

Agripina siguió buscándolo sin cansancio y cuando la resignación se asomó a ella se percató que todas sus cuentas habían desaparecido y que sus ahorros se habían esfumado.

Henry no estaba perdido sino escondido, pues no era un esposo ejemplar sino un estafador. Su familia lo sabía. Dicen que es un acostumbrado en casarse con mujeres con plata y dejarlas misias.

Agripina me contó su historia hace un tiempo y yo le pregunté con qué malas intenciones se había casado. Ella al principio no quiso decir nada; pero al final admitió que se casó con Henry por amor, claro, pero más por su dinero. “Como te darás cuenta, Henry resultó un pirañón más astuto que yo”, dijo.


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