Se agravan diferencias antes de Copenhague

La ronda de negociaciones de la semana pasada en Barcelona, la última antes de la cumbre de Copenhague sobre el cambio climático, resultó desalentadora.

Subsisten diferencias en torno a cuestiones clave.

| 14 noviembre 2009 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 398 Lecturas
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En primer lugar, el futuro del Protocolo de Kyoto. Lo que se anunció en Bangkok a principios de octubre se confirmó ahora en Barcelona: casi todos los países desarrollados decidieron abandonarlo y establecer un nuevo acuerdo, que supondría también un abandono del régimen jurídicamente vinculante a escala internacional.

En Barcelona, los países en desarrollo dejaron en claro que no aceptarían un nuevo acuerdo no vinculante.

En segundo lugar, el débil compromiso de los países desarrollados en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, que no sirve de base para lograr un resultado ambientalmente ambicioso en Copenhague.

En tercer lugar, los intentos de los países desarrollados de cargar la responsabilidad en los países en desarrollo, en violación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Plan de Acción de Bali.

En Barcelona, propusieron diluir las responsabilidades diferenciadas de los países desarrollados (compromisos de mitigación que sean jurídicamente vinculantes) y los países en desarrollo (medidas de mitigación habilitadas y apoyadas por el financiamiento y la tecnología).

En cuarto lugar, los medios adecuados que permitan adoptar medidas a los países en desarrollo.

Los países desarrollados todavía deben responder a las propuestas de financiamiento de los países en desarrollo, que varían de 1% a 5% del PNB. Y en cuanto a transferencia de tecnología, no aceptan la creación de un órgano ejecutivo que decida en estas cuestiones.

En quinto lugar, la diferencia acerca de la visión compartida y un objetivo mundial a largo plazo para la reducción de emisiones.

Algunos países desarrollados confirmaron su propuesta de lograr una reducción mundial de emisiones de 50% para 2050, comparado con los niveles de 1990, y una reducción de 80% para ellos. Pero no se dijo que esto exige que los países en desarrollo también reduzcan sus emisiones en 20% en términos absolutos y 60% en términos per cápita.

Estas son algunas de las cuestiones que deben resolverse para que la conferencia de Copenhague llegue a buen puerto.


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Martin Khor

Opinión

Colaborador