Santiago querido

El nuevo presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso es el señor Santiago Fujimori. Y si bien es cierto que el fujimorismo endémico ya había ocupado, en las dos legislaturas anteriores, la presidencia de esa comisión de nombre tan rimbombante, el nombramiento del hermanísimo tiene un plus de provocación y desvergüenza. De hecho, varias agencias noticiosas internacionales despacharon titulares como el de ayer de la France-Presse: “Hermano de ex presidente Fujimori dirige comisión de RR.EE. del Congreso”.

Por Diario La Primera | 15 ago 2008 |    

El señor Santiago Fujimori es, como se sabe, un parásito con muchos talentos para la adherencia, el tráfico de influencias –especialidad de la casa, se diría- y, eventualmente, también ha sido un discreto pero eficaz colaborador de algunas actividades criminales (como que su camioneta fue usada por los “Colinas” en el exterminio de los Barrios Altos).

Aparte de fiel consejero de quien jamás le consultaba nada, de asesor de quien lo despreciaba y de tío pródigo con dinero ajeno, el señor Santiago Fujimori es uno de los cerebros más invictos del Congreso y jamás se le ha conocido, desde luego, afición alguna por los temas internacionales, conocimiento alguno de las complejidades foráneas ni escrito alguno en relación a algún asunto allende las fronteras de Huacho, que es donde comienzan, para él, la tierra ignota y los peligros consiguientes.

Si al señor Santiago Fujimori le dijeran que el mundo ha dejado de ser bipolar, el señor Fujimori replicaría diciendo que él al único bipolar que conoce es a Vladimiro Montesinos, el heterogéneo ladrón y monótono asesino que despachaba casi todos los días con su hermanito.

Y si le dijeran que el mundo de hoy tiene un solo polo, el señor Santiago Fujimori diría que los de marca “Lacoste” están en rebajas y que cómo se puede vivir sin una muda completa.

Así de pulcra es la ignorancia del señor Santiago Fujimori, quien debe de creer también que los rusos ya están en los Estados Unidos porque han invadido Georgia, que Hamás no negocia porque así su nombre lo indica, que el golfo de Bengala puede incendiarse, que Mao Tse Tung tenía que ser como fue porque nació en el extremo oriente y que, en fin, si los argentinos hicieran discurrir como se debe al río de la Plata estarían boyantes.

Ahora bien, aparte del escarnio de este nombramiento está la vergüenza de su origen. Y esa vergüenza está concentrada en ese ídolo de barro que se hace llamar Javier Velásquez Quesquén, que aspira a ser el señor de Sipán del aprismo hecho sushi y al que muchos conocen por el evocador alias de “Teníanos”.

Este ya es, ahora sí y abiertamente, el Congreso de “Teníanos” y del pacto aprofujimorista. El Congreso donde un pobre diablo, llevado a su curul gracias al dedo del señor Ollanta Humala, falsifica facturas de pollerías y anticucherías para poder justificar los 7,000 soles de gastos de representación, y donde otro pobre diablo, como es Santiago Fujimori, es presentado como si fuera experto de Torre Tagle e imitador de Isaac Bigio.

¿Qué es más repelente? ¿Decir –prestándole alas a la imaginación- que uno se ha comido 390 soles de pollo de un solo porrazo, como acaba de hacer el upepista José Anaya Oropeza, o escuchar decir a los apristas que Santiago Fujimori hará un buen papel al frente de la comisión que debería examinar la política exterior del Perú?

Admito que la elección es difícil. Lo que sí sé es que con “Teníanos” y su pandilla el Congreso peruano alcanzará simas jamás vistas, podredumbres no olidas, fosas de las Marianas del pragmatismo entendido por un cogotero. ¡Este es el Congreso que debió de cerrar Alberto Fujimori!

Ironías aparte, este es, también, el Congreso que es hijo de la devastación democrática ejecutada por el fujimorismo. Este es el Congreso que puede permitirse una democracia tarada por el hambre, degenerada por la incultura, jaqueada por el caudillismo, avergonzada por un poder judicial asustadizo y sujeto a extorsión.

El Congreso, en suma, de un país donde la prensa, en general, ha adquirido un poder enorme que, sin embargo, sólo se emplea en contra de la política –lo que no está mal-, pero jamás para descubrir las mugres del modelo y los pies de barro de muchos capitanes de empresa (incluyendo a los de varios medios de comunicación).

Bueno, si la democracia ateniense exilió a Anaxágoras y mató a Sócrates –dirán algunos- ¿por qué la peruana debería de ser mejor?

Sí pues, aunque una cosa debió ser vivir los tiempos de Pericles y otra muy diferente es tener que aguantar al doctor García.

Referencia
Santiago querido

    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista