Santiago Carrillo

El rey de España en la casa de Santiago Carrillo, dándole el pésame a su familia, es quizás la imagen que mejor simboliza la trayectoria de uno de los dirigentes comunistas más importantes en la escena contemporánea.

Por Diario La Primera | 20 set 2012 |    

Muerto a los 97 años, Carrillo fue un político de toda la vida. Amamantado por las luchas sindicales en las que participaba su padre, dirigente de la Unión General de Trabajadores, llegó a los 19 años, en 1934, como secretario general de las juventudes socialistas, a las que quería fusionar con las comunistas,

Ese mismo año promovió una frustrada insurrección contra la derecha republicana en el gobierno. Apoyó a Francisco Largo Caballero y a Indalecio Prieto, dos de los pro hombres de la izquierda en la II República. Al salir de la cárcel con el triunfo del Frente Popular en 1936, estuvo en la primera fila del combate contra el levantamiento de Francisco Franco.

Los episodios de la Guerra Civil lo llevaron a la militancia comunista y a la fervorosa adhesión al estalinismo. Exilado, respaldó a Dolores Ibárruri, la Pasionaria, a la cabeza del PCE. Tras su dimisión, asumió en 1960 y durante más de dos décadas el liderazgo del partido.

Esta es su etapa más fructífera, cuando propone políticas de reconciliación y mano tendida a los viejos enemigos. Alentó el ingreso de activistas en las estructuras sindicales del franquismo y el uso de todo resquicio que les permitiera tener presencia, para difundir su política de pactos que no dejaban de lado la movilización.

Cuando muere Franco, un inteligente político salido de las filas de la derecha, Adolfo Suárez, trata de darle consistencia a un proceso democrático para abrir el nuevo curso. Encontró en el curtido líder asturiano a uno de los interlocutores claves.

Ya por entonces Carrillo abandonaba todo rezago estalinista. En 1968 condenó la invasión a Checoslovaquia y tomó parte junto con Enrico Berlinguer y George Marchais, del giro definitivo del comunismo europeo a la democracia.

Actor principal de la modélica transición española, participó en las Cortes Constituyentes y en las dos legislaturas siguientes. El antiguo bolchevique promovió un nuevo régimen basado en los derechos humanos y en las instituciones liberales.

Su intenso pasado le sirvió para sacar lecciones de los errores y sobre todo para mirar al futuro de convivencia pacífica al amparo de una ley fundamental. Sepultó el odio y la revancha, y reconoció, él, republicano combatiente, a la monarquía constitucional y a la bandera.

Pese a que el PCE fue desplazado de la primacía de la izquierda por un renovado PSOE dirigido por Felipe González, y a que tuvo que abandonar su partido a mediados de los años ochenta, su figura quedó como un referente para consolidar el proceso.

Santiago Carrillo entra a la historia como el militante que entendió los límites de su protesta juvenil, para apostar sin tapujos por la libertad y la democracia, siempre al lado de los trabajadores.


    Agustín Haya de la Torre