Sana rectificacion de Evo Morales

El presidente boliviano Evo Morales se vio obligado a rectificar el grave error de su gobierno de reprimir violentamente a más de un millar de indígenas amazónicos que guiados por la Central Indígena del Oriente Boliviano, CIDOB, emprendieron a mitad de setiembre una larga marcha desde El Beni hasta La paz.

| 29 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Los indígenas exigieron clara y limpiamente que el gobierno cancele la autorización para construir una carretera en plena Amazonía que partiría en dos el ya famoso TIPNIS, ¨Territorio Indígena en el Parque Isiboro-Sécure¨. Felizmente, Evo Morales supo rectificar a tiempo porque habría sido un desastre para su gobierno que los policías impidieran su llegada a La Paz. La construcción de esa carretera -que habría llegado hasta el Chapare, entre Cochabamba y Santa Cruz- ha sido cancelada y, en consecuencia, el daño ecológico ha sido evitado. Se trata de una inobjetable victoria indígena.

En 1990, la misma CIDOB con otros indígenas hicieron la ¨Marcha por la dignidad y el territorio¨ y obligaron al presidente Paz Zamora a firmar un decreto de titulación de más de un millón de hectáreas. Fue la primera y victoriosa marcha. Hace un par de años el gobierno de Evo Morales tuvo que anular el aumento de casi 80 % en el precio de los combustibles porque la protesta popular paralizó el país.

Si era evidente que los indígenas protestarían con todas sus fuerzas por la construcción de esa carretera, es pertinente preguntar por qué el gobierno cometió ese grave error. Probablemente, sus funcionarios subvaloraron la importancia y fuerza de los indígenas amazónicos cuya importancia demográfica es muy pequeña si se tiene en cuenta el peso de los andinos aymaras y quechuas, y que supusieron con enorme ingenuidad que el cuento de hadas del proyecto nacional brasileño con sus carreteras transoceánicas e hidroeléctricas en nombre del llamado desarrollo sería creído por los amazónicos bolivianos. Recordemos que aquí en Perú, la reacción indígena fue suficientemente grande para que el proyecto de la hidroeléctrica de Inambari haya sido igualmente rechazado. Si esa central se construyera el beneficio principal seria para Brasil y el desastre ecológico para Perú, particularmente para nuestros hermanos indígenas que serían expulsados de su territorio.

La madre del cordero está en la defensa de los territorios amazónicos y andinos frente a la voracidad de las empresas multinacionales con el petróleo, el gas, el oro, otros minerales y la madera, sólo quieren ganar dinero, el máximo posible de dinero. La suerte de los indígenas y de sus países les importa un comino. En el presente de Bolivia, Ecuador y Perú -los tres países andinos- esta grave contradicción ya está planteada y será mayor con el correr de los meses y años. El gobierno de Evo Morales tuvo el coraje de invertir las proporciones en la distribución de las ganancias entre el Estado y las empresas multinacionales: 82 % para Bolivia y 18 % para las empresas extranjeras. Aquí, la proporción real debe ser del orden de por lo menos 70 % para las empresas y solo 30 % para el Estado peruano. ¿Podrá el gobierno nacionalista de Ollanta Humala ponerle el cascabel al gato e invertir esas proporciones? Si de una ¨Gran transformación¨ se trata, no le queda otro camino; pero si aquí el modelo de desarrollo y los contratos blindados se respetan para que la ¨hoja de ruta¨, sea la misma hasta 2016, habría que olvidarse de la ¨Gran transformación¨. El conflicto con miles de buscadores de oro que siguen el ejemplo de las empresas multinacionales, será más intenso y en esas condiciones defender la naturaleza y la biodiversidad requerirá de una voluntad política mayor.

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Rodrigo Montoya Rojas

“Navegar Río Arriba”

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