San Marcos se rebela

El rector de San Marcos creyó de “buena fe” en el alcalde de Lima y decidió canjearle 28 mil metros de terreno de la ciudad universitaria a cambio de deudas de arbitrios de la universidad. Han pasado los meses y cada día el rector ha sentido la presión de estudiantes, maestros y trabajadores, contra las obras de la avenida Venezuela que han empezado a tumbar el muro perimétrico y que amenazan expandirse sobre la zona de estudios.

| 11 mayo 2008 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 539 Lecturas
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Es entonces que el rector empieza a darse cuenta de que ha metido las cuatro y escucha que su nombre es coreado en una creciente protesta como uno de los responsables de la usurpación que está sufriendo la primera casa de estudios superiores del país. Y vacila entre pedirle al alcalde una reconsideración y un ajuste en el diseño, o requerir a la policía para contener la revuelta.

Hasta que llega el día 8 de mayo, que es cuando la policía irrumpe sobre el campus para dispersar la movilización que se prepara dentro de la universidad y que se propone llegar hasta el Parque Universitario y se las agarra a bombas y palos con los estudiantes. Pero ocurre que no los dispersan sino que las chicas y chicos enardecidos les contestan con piedras y los hacen retroceder.

Vergonzosamente la policía sale corriendo y el campo de batalla se extiende fuera de la universidad. Sólo cuando llegan nuevos refuerzos se impone el “orden” de García, Alva, Castañeda y el rector Izquierdo. La televisión y la mayor parte de los diarios, como es normal, ya han implantado su mirada de los hechos: infiltrados manejan estudiantes, para crear desórdenes y queman carro de la policía y hacen destrozos. Nada más. No pasa ninguna otra cosa.

El rector que ha entendido por fin que no va poder seguir gobernando si el claustro lo condena como responsable de las obras y los policías invasores, declara que el by pass ya no entrará a San Marcos y que conversará con el alcalde para replantear el contrato, y al mismo tiempo suspende las clases para generar un vacío la próxima semana, que coincide con la Cumbre ALC-UE.

Es obvio que para el gran público debe ser difícil de entender una autoridad con tantas cabriolas, y poner en balanza la edición que la mayoría de medios ha hecho de los problemas del jueves que inducen a suponer que los estudiantes atacaron a los policías y que lo hicieron de puro locos, y el rector que les da finalmente la razón y pretende que no tuvo nada que ver con la violencia inicial de los uniformados, que es como habían informado los jefes de la policía que dijeron haber sido llamados para conjurar el delito flagrante de los estudiantes reunidos pacíficamente antes de salir a la calle (pura guerra preventiva, un vez más).

Entretanto, el gestor principal del problema, el alcalde mudito, ha dicho que no dará marcha atrás, porque contratos son contratos. Como que él y el rector son dueños de las vías y de las instalaciones universitarias, respectivamente, y pueden pactar lo que le parece. Como ese presidente que quería vender el colegio donde estudió su media, porque los terrenos de San Isidro están bien cotizados. Y los militares que venden cuarteles y aeropuertos. Hay algo que me hace pensar que la revuelta sanmarquina encierra un hartazgo mucho más profundo que lo que se ve a simple vista.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista