Salvaje expresidente

En el año 2008 nadie tenía dudas de lo que había pasado: que el crecimiento de la economía especulativa, que había sustituido a la productiva, había creado una gran burbuja de deudas y mezclado lo recuperable con lo irrecuperable en un afán de mostrarse imparable y seguir atrayendo incautos y que todo esto había estallado de la peor forma dejando al descubierto un sistema financiero sin capacidad de respuesta que empezaba a desmoronarse hasta que el Estado salió a su rescate.

| 09 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 827 Lecturas
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De ahí venían las promesas de que tamaña desregulación e imprudencia no debían repetirse y afirmaciones de que no habría consecuencias para la sociedad por los desembolsos hechos a favor de la banca, y otras tantas declaraciones que se las llevó el viento apenas el sistema reinició su marcha.

Pero, perdón, sí había una voz disidente respecto al diagnóstico existente y era la de nuestro presidente de la época que en célebres discursos ante empresarios peruanos y delegaciones asistentes a la cita de la APEC en Lima, desarrolló la contratesis de que estábamos ante una “crisis del crecimiento” en la que todo se arreglaba con la persistencia en lo que se había estado haciendo.

El nuevo ultra-neoliberal, que antes había sido un fiero antiimperialista verbal, fue visto como bicho raro por Bush y sus amigos porque en esencia les estaba pidiendo que no hicieran nada frente a la crisis y siguieran bombeando dinero hacia el sur.

Estamos sin embargo a cuatro años de la crisis inicial y en un nuevo ciclo de caída de las principales economías del mundo. Pero esta vez son los Estados que rescataron a la banca, los que no tienen cómo rescatarse a ellos mismos, y la población la que está siendo presionada a aceptar recortes en su consumo, sus salarios, sus derechos y en los sistemas de bienestar que forman parte de sus condiciones de vida.

De pronto, los que hablaban contra los excesos de la especulación han perdido la memoria de lo que pasó aquí nomás y lo que se hizo para salvar al gran capital, y se han echado a culpar a los griegos por su baja productividad, a los españoles por creerse del primer mundo y a los del primer mundo real (Francia y Alemania) por su Estado de Bienestar.

En otras palabras se está construyendo otra vez la ideología de culpabilización al factor trabajo de las crisis del capital, y a la sociedad civil de los pecados del matrimonio del Estado con el sistema financiero.

Y es justo ahí que el expresidente escribe que el problema de la vieja Europa es el endeudamiento que le crean las instituciones del Estado de Bienestar y lo dice a casi 70 años de existencia de la mayoría de esas entidades a través de las cuales se hizo viable el capitalismo moderno que consistía en incorporar a la totalidad de la sociedad a servicios de alta calidad (educación, salud, transporte, etc.) financiados a través de altos impuestos, con lo que se logró el más largo período de paz y prosperidad que ha sido la envidia del resto del mundo.

No es que el Estado de Bienestar desfinanció la caja fiscal, sino que la caja fiscal desfinanciada requiere afectar el bienestar. Este modelo que era lo más próximo al “Estado fuerte y social” del viejo Apra está ahora en las antípodas del pensamiento García que se basa en la idea de los mercados libres y el predominio absoluto de las inversiones. ¡Qué salvaje!

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iEl Burocratismo Salvaje frente al Capitalismo Salvaje; Alan García, Perú 21

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista