Salud pública y mercado en Nueva York

El alcalde de Nueva York se ha propuesto eliminar la venta de gaseosas (bebidas azucaradas en la jerga técnica usada por el Departamento de Salud de la ciudad de NY) en botellas de más de 16 onzas.

| 09 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 873 Lecturas
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Esta medida es parte de un combate mayor contra la epidemia de obesidad que sufre la ciudad: el 60% de los adultos de NY tiene sobrepeso, la cifra llega al 40% entre los escolares. Atender los problemas de salud derivados (sobre todo diabetes y males cardiacos) cuesta a NY 4 mil millones de dólares anuales, y miles de personas mueran de estas enfermedades cada año. La situación es peor en los barrios más pobres (y entre negros y latinos que son los más pobres entre los pobres) porque la comida chatarra –producida en gran escala- es más barata que la comida orgánica.

¿Por qué esta medida específica? El consumo de gaseosas es el más grande contribuyente a la obesidad, los envases de mayor tamaño inducen a un mayor consumo por parte de los individuos, y las corporaciones –sabiendo lo anterior- han aumentado sistemáticamente el tamaño de las gaseosas a lo largo de los últimos 50 años para inducir ese mayor consumo.

De hecho, en 1955 McDonalds solo vendía gaseosas de 7 onzas, pero para el 2003 estaba promocionando las “supersize” de 42 onzas. Después de muchas denuncias, McDonalds prácticamente ha eliminado ese tamaño, pero sigue promocionando las porciones de 32 onzas, lo que significa una gaseosa 450% más grande que la que se ofertaba en los años ‘50.

Es igual que en el caso de las campañas contra los cigarrillos por su relación directa con el crecimiento del cáncer, la reacción inicial de los fabricantes de gaseosas y de los establecimientos que las venden –especialmente los de comida rápida que apuntan a los pobres y a los jóvenes- ha sido rechazar las campañas de la municipalidad de NY por violentar las leyes del libre comercio. Ellos dicen: ofrecemos un producto, le hacemos publicidad, la gente lo escoge, y la gente asume las consecuencias. Así funciona el mercado.

Pero el alcalde de Nueva York insiste en que primero es la salud pública, y su campaña va teniendo éxito. Así, mientras crece el respaldo a la prohibición total de las “supersize” y a la reducción general del tamaño y accesibilidad de las gaseosas, varias cadenas de restaurantes han suspendido de manera voluntaria la venta de las azucaradas de gran tamaño.

Y, ojo, no es que algún grupo neo-comunista o anti-inversionista haya tomado control de NY. Se trata de Michael Bloomberg, inversionista multimillonario y filántropo que, desde la Alcaldía de Nueva York, entiende que –aunque sea solamente a veces- el afán de lucro debe ceder paso al bien común.


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