Salarios contra la crisis

Los incrementos de los salarios son un instrumento contra la depresión económica. Se trata de un componente esencial que debe estar en toda política anticíclica. Esta perspectiva fue rehabilitada por el pensamiento de J. M. Keynes, M. Kalecki y las teorías de los salarios de eficiencia en décadas más recientes, aunque su origen es remoto.

| 14 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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La visión neoliberal, lamentablemente en boga en el Perú, tiene raigambre neoclásica y postula que los aumentos de las remuneraciones son negativos para el empleo y el nivel de actividad económica. La discusión entre estas dos visiones no sólo es técnica, sino que encubre una perspectiva ideológica donde los trabajadores juegan un rol subordinado en el modelo de acumulación y crecimiento económico.

Es obvio que para una empresa en particular o una familia incrementar las remuneraciones de sus trabajadores dependientes afecta los resultados y el ingreso disponible. Sin embargo, otra es la situación cuando se aborda desde una perspectiva macroeconómica. Más salarios equivalen a más ingresos, más ventas, más recursos para las empresas, más utilidades y también coadyuva a una mayor productividad. Adam Smith, en el siglo XVIII, señaló que los salarios son un estimulante de la actividad productiva, la cual mejora de manera proporcional al estímulo que reciben los trabajadores (Riqueza de las Naciones, Libro I, capítulo 8).

El primer ajuste de las remuneraciones fue uno de los primeros pasos del nuevo gobierno. Hay que dar el segundo, aprovechando la buena dinámica productiva y las reducidas presiones inflacionarias. Noviembre o enero pueden ser los meses indicados. El aumento de los salarios mínimos es una política redistributiva. El ajuste tardío del gobierno anterior fue efectivo y no existe evidencia alguna de que el último haya generado efecto negativo alguno. En la crisis se reduce la propensión a consumir y la inversión. La redistribución del ingreso eleva la propensión a consumir, demanda y producción.

La política salarial es una herramienta. No hay que desecharla por ideología o falta de información estadística que nos permita evaluar sus impactos. Es parte de la barrera de contención contra la crisis internacional. Afortunadamente en el Perú tenemos espacios para las políticas monetarias y fiscales anticíclicas, pero ello no debe ser razón para descartarla. Esta política de ingresos, con las anteriores, las políticas por el lado de la oferta y las institucionales serán esenciales para sacarnos del atolladero. No olvidemos, como decía J.M. Keynes (Teoría General, capítulo 24) que sus propuestas, incluida la redistribución del ingreso son para salvar el capitalismo.

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Germán Alarco Tosoni

Opinión

Profesor Universidad del Pacífico