Saber qué decir

Conocido es el ejercicio al que recurren programas de entretenimiento y otros, buscando hacer patinar al entrevistado que contesta cualquier barrabasada pero contesta, siempre contesta. Le pasa a la víctima de la emboscada pero también nos pasa a muchos. Nos cuesta mucho decir que no sabemos algo, que no conocemos. Recuerdo las veces que he preguntado a alguien por una dirección y éste me ha contestado: - …creo que es por allá. No sabe, pero no lo dice. Quizás responde así por un exceso de amabilidad pero tal vez lo haga por no quedarse callado, por tener siempre algo qué decir, aunque lo que diga no le sirva de mucho al que pregunta.

| 17 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 762 Lecturas
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Esto de hablar sin saber lo que se va a decir resulta más notorio en una entrevista en medios de comunicación (radio y tv). Hace algunos años vi un reportaje en el que la periodista preguntaba a un grupo selecto de intelectuales qué opinaban de la última publicación de un novelista equis (inexistentes tanto la obra como el autor). Todos contestaron como si existiera la obra y conocieran al autor. Uno de ellos dijo sobre el autor que no le parecía la mejor de sus obras. Otro respondió que había leído recientemente una crítica sobre la novela en el New York Times. Ninguno se calló, no pudieron contestar no sé, no lo conozco.

Quizás las respuestas disparatadas se deban algunas veces a lo imprevisto de la pregunta, con el añadido de una pequeña dosis de vanidad en el caso de los intelectuales, pero lo cierto es que no podemos, no nos gusta quedarnos callados. A alguien le escuché decir que nos rendimos ante un micrófono y es fácil comprobar esta aseveración. A diario vemos a entrevistados patinar en la entrevista o no decir lo que fueron a decir.

A una autoridad de salud, en plena crisis de la gripe H1N1, preguntado en la entrevista por el teléfono al que debían llamar los que sintieran los primeros síntomas (luego que él había dicho que era muy importante hacer esa llamada), contestó: - ahí si me agarró, no lo sé. Otra comprobación del no saber qué decir la vi en un entrevistado que hablaba del importantísimo ahorro que iba a significar para el país el nuevo reglamento que estaba explicando. Preguntado sobre de qué monto hablaba, respondió: -no lo sé, pero de hecho es importantísimo.

Haríamos bien cuando necesitamos decir algo tener claro qué es lo que queremos decir. Tener que decir pasa por saber qué es lo que queremos decir, por encontrar la esencia de nuestro mensaje. Cuando no tenemos esto claro es mejor no abrir la boca y en el caso de una entrevista, no aceptar la invitación.

Podemos pasar por alto las muchas ocasiones en las que nuestras actividades cotidianas desbarramos por abrir innecesariamente la boca, pero no es recomendable hacerlo en una conversación pública. Lo que allí digamos tiene una difusión bastante mayor que una conversación en privado, en familia, con amigos. Por lo tanto es altamente recomendable aceptar una entrevista sólo cuando tengamos algo qué decir y, sobre todo, saber lo que vamos a decir. Esto requiere de preparación, la necesaria, hasta estar seguros de tener claro nuestro propósito y luego, por supuesto, asegurarnos de decirlo en la conversación.

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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista