Rezo por ti, mi loquito Vargas

A la loretana Anita Pérez lo único que le interesa hoy es ver a Juan Vargas. Nada más. Claro que le gustaría que la selección peruana salga victoriosa ante Ecuador, pero su objetivo principal es ver a Juan Vargas aunque solo por televisión.

| 15 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 958 Lecturas
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Sueña con tocarlo, olerlo, y colgarse de su cuello; sueña con pasearse de su mano por los parques y estar junto a él mientras maneja su carro oyendo música; sueña al menos con una foto a su lado o que apenas la salude desde lejos.

“Estoy juntando mis propinas para viajar a Lima y buscarlo a mi loquito y decirle cuanto lo quiero, cuanto lo admiro. Todavía tengo tiempo porque el partido en Lima, ante Colombia, es en junio de 2012”, me dice en un mensaje de correo electrónico.

Anita Pérez acaba de cumplir 24 años de edad y no sabe exactamente desde cuándo tiene esa fijación con el jugador peruano. Me contó que hoy se levantará temprano para hacer sus cosas rápido y luego rezarle a Vargas.

Sí, le prenderá velitas como si fuera un santo; le prenderá velitas no para pedirle milagros, sino para que la suerte esté con él porque esta tarde tenemos que ganar; le prenderá velitas y rezará para que haga goles; le prenderá velitas para que no le pase nada en el partido, para que no se lesione.

Anita Pérez sabe todo de Vargas. Sabe que su corazón está ocupado, pero que eso no es impedimento para que lo quiera tanto. “Me gustó cuando dijo que si no hubiese sido futbolista hubiera sido apretón”, dice.

—¿Apretón?

—Te falta calle, escorpión. Apretón. Apunta. Hombre bravo que se apodera de las cosas ajenas sin pedirlas, se apodera de la cosas “apretando”, ajustando, obligando, asustando. Es un choro malo, muy malo y bravazo, hombre fuerte. No como esos que se alucinan escritores. Como Vargas, así me gustan los hombres.

—Ya entendí.

—Solo espero que le vaya muy bien a mi loquito Vargas; porque si le va mal, lloraré. Ayer fui a la iglesia a pedir por él y recé tanto que el cura me dijo: Ya, hija, dos horas de oración es suficiente para tu edad. Pero seguí rezando por él, chau.

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El Escorpión

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