Respuesta a una canallada

Escogió bien Aldo M, el medio para regresar a la prensa escrita: Perú 21, de Fritz Du Bois, procesado por el caso del “salvataje” al Banco Latino que costó al país más de 500 millones de dólares y no salvó nada, y el tema sobre la hipocresía que para él representaría tener que reconocer algo bueno en la trayectoria de Javier Diez Canseco después de la dilatada campaña de desprestigio a la que lo sometió con una mezcla de mentiras, bajezas e ignorancia propia.

| 07 mayo 2013 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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Al tal M, jamás le conmoverán los temas de Javier: la vigilancia sobre los recursos públicos y la lucha contra la corrupción (caso Du Bois, por ejemplo); la cautela de los derechos humanos y la sanción a sus violadores; la defensa de los derechos de los trabajadores y contra los mecanismos de discriminación en el trabajo; la preocupación por los jubilados y el sistema de pensiones, así como sobre el uso arbitrario de los fondos ahorrados en las AFP en perjuicio de los futuros jubilados; la atención a los derechos de los discapacitados y de las minorías culturales, raciales y sexuales; el apoyo a las reivindicaciones campesinas y a los pueblos indígenas; entre muchos otros.

Su obsesión ha sido reducir la historia de un gran político al que odiaba desde la universidad, a su infantil interpretación del proyecto de reconvertir las llamadas acciones de inversión a acciones comunes, lo que era un asunto de igualación de derechos y no del valor de cada acción cuyo precio real lo define el mercado.

Pero la ignorancia del periodista, impresa en una docena de carátulas con la foto de JDC y de su hija, y una cantidad de columnas, chiquitas e informes distorsionados, solo pudo ser superada por la torpeza de los congresistas que también ejecutaron sus pequeñas venganzas, sean en la versión fujimorista, aprista u oficialista, a más de una serie de pobres individuos encabezados por el pastor Lay y el “solidario” Urtecho.

Todos estos no solo sancionaron el contenido de un proyecto que no entendían, sino que tampoco siguieron los procedimientos de una acusación. En esencia JDC fue suspendido por un proyecto que no había llegado a ser fundamentado y debatido, lo que significa que no existía y que lo que se estaba condenando era haber pensado una propuesta.

Ricardo Letts resumió este domingo el papel de Mariátegui como un asesinato político. Y no le falta razón. Porque no hay cómo desligar el asesinato moral de un hombre honesto por una mayoría mediocre y un periodista sin moral alguna, de la enfermedad del cuerpo que se declaró en un corto tiempo. En circunstancias normales un desenlace así haría callar a cualquiera por un mínimo de vergüenza, menos a Aldo M. Un buen canalla debe seguir siéndolo hasta el final, sin hipocresías. Y este es el caso.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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