Respuesta a “Caretas”

“Caretas” está molesta. Y por eso ha escogido para su carátula una foto de Alan García que refleje su estado de ánimo. Pero adviértase que el expresidente, fiel a su estilo, ha dicho que se somete a todas las investigaciones y que a más denuncias más posibilidades de que gane las próximas elecciones, que es la nueva versión del viejo lema “a más calumnias, más aprismo”.

| 30 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.3k Lecturas
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En cambio, quien ha ido por los medios quejándose de los jueces del caso BTR, cuando creía que ya iba a celebrar, y se ha presentado como víctima de nuestro diario (hasta sicarios nos ha dicho), es el inefable “Tío George”, al que la experiencia le dice que a más investigaciones menos se le cree y se le respeta.

La carátula empapelada con titulares de LA PRIMERA para que se vea el cargamontón contra el pobrecito de García, con Ollanta detrás de todo, tiene el sello jorgista. A todo esto además se agrega el sobretítulo: “BTR: sentencia con yapa”, que debe entenderse que entre la condena a los chuponeadores y la investigación a los chuponeados que interfirieron las investigaciones, hay una contradicción y un exceso.

La versión Del Castillo es simple: el caso petroaudios está inflado; los BTR respondían a algún contratante dentro de una disputa comercial; no hubo manipulación porque no había nada que ocultar; y no hay necesidad de investigar más, salvo para mantener a algunos líderes del Apra ocupándose de defenderse hasta el 2016.

Y en ese punto es donde entra LA PRIMERA como si fuéramos tan influyentes como para que los jueces nos hagan caso. O que Ollanta, que tiene suficientes problemas en la cabeza, pudiese estar preocupado de lo que se dice o no se dice de García o Del Castillo, cuando tiene a la megacomisión de Sergio Tejada.

En verdad la referencia al maquiavelismo de paralizar a los políticos judicializándolos es un reflejo del período anterior y de lo que se hizo a Humala con el caso Madre Mía, según contó Ponce Feijóo ya hace más de un año.

Pero el control del Poder Judicial por García era un hecho real y hoy mismo se puede decir que el expresidente todavía influye allí mucho más que el presidente en funciones.

Por eso precisamente el tema no es si los vocales han cedido a algún medio, sino si al resolver desestimando el pedido de Giannotti para anular las pruebas por falta de garantías, o el de Ponce de que su intervención se atenuaba por haber descubierto una red de corrupción que le hubiera costado al país más 800 millones, podían dejar de tomar alguna distancia del gobierno que estaba retratado en los petroaudios y que hizo todas las maniobras necesarias para dominar el proceso inicial de la investigación y la conformación de las pruebas en el caso BTR. Sequeiros y su colegiado han sido contradictorios, porque están sobre una contradicción insalvable que es pretender que en el Perú de la segunda mitad de los 2000, lo único que funcionaba mal era una pequeña organización de escuchas, que escucharon cosas irrelevantes y terminaron presos por siete años. Nadie cree eso, de ahí que la investigación debe proseguir aunque incomode a Del Castillo.

Entre octubre de 2008 y enero de 2009, hubo dos investigaciones paralelas sobre el chuponeo, después que García le dio la prioridad a este caso sobre el de los petroaudios: una oficial, dirigida por la policía especializada, y otra secreta, dispuesta desde Palacio, en la que intervenían la Dirandro (Dirección contra las Drogas) y la Fiscalía con fiscales a dedo.

¿Por qué se hizo eso? La sentencia no lo aclara, y se dedica a contradecir a los acusados considerando que no dan argumentos suficientes para presumir una intención detrás de estos hechos. Obviamente los magistrados no presumen nada y les parece de lo más normal que los de drogas vean crímenes electrónicos y que el ministro del Interior no sepa nada.

En ese mismo lapso Del Castillo y su gente de confianza acudieron a BTR, a buscar ayuda para descubrir a los chuponeadores y apenas producida la captura volvió a enviar a su delegado para que constatara el recojo de las pruebas.

Cabría preguntarse si los fiscales digitados y los hombres del general Hidalgo eran una garantía para la sociedad de que evidencias que podían incriminar al gobierno y a sus más altas autoridades, iban a ser manejadas imparcialmente.

El tribunal tampoco se plantea el tema y no encuentra finalidad en esta intervención, como si García o Del Castillo tuvieran que explicársela.

Finalmente en el tema de la relación García-Ponce, se ve que ni los jueces ni los fiscales están en condiciones de aclarar de dónde viene y en qué materias estuvieron cooperando.

En la versión del expresidente, solo hubo una conversación en la que descubrió rápidamente que el marino vendía aire y lo sacó de su camino.

En la versión de Ponce, el marino estuvo involucrado en acciones de campaña; fue objeto de un ascenso irregular cuando ya estaba en retiro, en reconocimiento a algún servicio; fue contratado por numerosos organismos del Estado, como el Congreso, participó en reuniones oficiales sobre seguridad, etc.

Todo eso puede verificarse, pero el Dr. Sequeiros prefiere decir que Ponce no está preso por una venganza del Apra “porque al Poder Judicial no lo presiona nadie” (mientras el caso petroaudios languidece en el despacho del juez Barreto) y porque Ponce Feijóo solo especula… Con todo esto “Caretas” insiste: ¿para qué investigar más?, ¿por qué hacerle el juego a Giannotti?, ¿no será todo esto una maquinación de Humala y LA PRIMERA?


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista