Resistiré por ti, Catalina dulce

Don Valerio Escriba creyó, hasta hace poco, que el amor de Catalina, su esposa, le iba a durar para siempre. Ahora, don Valerio, cusqueño y peruanísimo, dice que la falta de amor de Catalina lo va a matar. No habla en serio. Es la tristeza lo que le obliga a decir estas cosas.

| 15 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
1066

Don Valerio, a sus 87 años de edad, es un hombre de un humor envidiable a quien todos respetan en el barrio porque, entre otras cosas, tiene el mérito de haber sido uno de los integrantes del patriótico batallón Húsares de Junín. Es de esos señores que adoran la vida y las cosas y a quienes da gusto llamarlos por “Don”.

El pasado miércoles, cuando conversaba con los amigos de la cuadra como todas las tardes, la noticia de la muerte de su esposa le cayó como un rayo. “Ay, mi Catalina dulce, qué voy a hacer sin ti”, dijo y cayó en la tristeza.

Catalina hacía una pareja ejemplar y curiosa con don Valerio. Cuando eran jóvenes, sus amigos decían que ellos eran la pareja más bella del mundo; pero, a veces, se reían de ellos porque a lo lejos parecían tan desiguales. Don Valerio mide un metro ochenta y cinco de estatura y Catalina apenas llegaba a un metro con cuarenta. “Me enamoré de su gran corazón”, bromeaba Catalina.

Criaron cinco hijos hermosos. Hicieron una familia linda con la que puede soñar cualquiera. Todo iba bien hasta que el tiempo hizo lo suyo y sus hijos fueron a buscar sus propias vidas. La casa se llenó de soledad y empezaron los achaques de la edad. La peor parte le tocó Catalina. El mal del olvido le empezó a robar la vida, que está hecha, digamos, generalmente de recuerdos.

En los peores momentos de esa terrible enfermedad, don Valerio, para ser recordado, le regalaba una rosa amarilla cortada de su jardín todos los días a las cuatro de la tarde en punto, como la primera vez en que le dio un beso en la boca hace más de sesenta años.

La melancolía lo golpea.

Don Valerio, sin embargo, no quiere morir de tristeza. Me dijo ayer: “Sé que dicen que uno se puede morirse de pena después de perder a su amada, pero yo debo seguir viviendo por el amor que le tengo a Catalina. Resistiré hasta donde pueda, porque tengo la ligera sospecha de que si muero, la perderé para siempre”. Luego, se arrodilló ante la foto de Catalina y dijo: “Es curioso, mi vida, te fuiste olvidando casi todo, inclusive nuestro amor, y yo me he quedado aquí recordando todo, sobre todo, nuestro amor”.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...

El Escorpión

El Escorpión

elescorpion@diariolaprimeraperu.com