Resistencias al cambio

El rechazo inmediato e irreflexivo a cualquier proyecto, nombramiento o decisión gubernamental que caracteriza a ciertos sectores políticos, económicos y mediáticos se expresa también en una hostilidad constante que no pocas veces inventa, distorsiona o exagera problemas o situaciones con evidentes fines de desprestigio o merma de la autoridad de la administración iniciada el 28 de julio.

| 29 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Es cierto que las fuerzas ajenas al Poder Ejecutivo tienen absoluto derecho a mantenerse en la oposición, pero esta debe entenderse no como la celada permanente y el atrincheramiento irreflexivo, sino como el planteamiento de propuestas alternativas y, ciertamente, en las acotaciones tendientes a mejorar las decisiones gubernamentales. No resulta de ninguna manera positivo ni recomendable el que se pretenda que la política es solamente confrontación; menos aun que esta derive en declaraciones y actitudes propias de enemigos en combate, como suele ocurrir en el Perú.

Esa reflexión no se refiere únicamente a un problema tradicional, por el que muchas veces los opositores han llegado a extremos como el de “Sansón y los filisteos”, es decir a destruir al contrario aun a costa de la estabilidad de la democracia y de sus valores fundamentales de concertación y respeto a los derechos de los ciudadanos, cualquiera sean sus posiciones políticas e ideológicas.

En la actual coyuntura, a ese problema se suman en forma preocupante las resistencias al cambio, que vimos expresarse de manera muchas veces burda en la campaña electoral y que llegó a extremos que pusieron en duda la credibilidad de algunos medios de comunicación.

Se trata de una actitud poco atinada que lamentablemente se mantiene y que no toma en cuenta el hecho contundente de que los cambios eran necesarios ante las expectativas de las mayorías nacionales que, tras dos décadas de un modelo económico secante, habían dictaminado, en diversas formas, que hacía falta cambios para que los beneficios de ese modelo y del crecimiento económico lleguen a todos los peruanos.

En ese contexto, las resistencias al cambio están motivadas por una irreflexiva defensa de privilegios muchas veces relacionados con influencias que orillan los límites de la ética y hasta los rebasan y con frecuencia logradas por lazos con el pasado gobierno.

Pero esas resistencias obedecen también a la falta de conciencia de los peligros que entraña impedir la realización de los cambios que reclama la sociedad. Hemos visto en diversas latitudes que pueden sobrevenir situaciones traumáticas de quiebra de la convivencia social y hasta cuadros de violencia que nadie desea, si se ignora el clamor ciudadano o se defrauda la confianza de quienes apostaron por el cambio para la inclusión y el imperio de la ética.


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