Reflexiones sobre el modelo

Como es que hace poco más de tres años, un país como España era el ejemplo a seguir: crecimiento sostenido, cuentas fiscales en azul y pleno empleo; y ahora, sumido en una feroz crisis económica, es más bien el ejemplo de la irresponsabilidad fiscal y financiera.

| 15 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.8k Lecturas
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Una paradoja más en este caso: durante la bonanza española había buenos salarios y los bancos hacían estupendas ganancias. Ahora en plena crisis, ha aparecido el sector que gana menos de mil euros al mes, los salarios se han ido al suelo y el desempleo está en su máximo esplendor, pero los bancos siguen haciendo estupendas ganancias.

En el fondo de este sin sentido, vamos a encontrar al modelo de producción y acumulación capitalista neoliberal, que incluso en crisis global, está manteniendo su hegemonía; lo que nos muestra que es más que un simple modelo económico, es casi en realidad, un nivel de consciencia, bastante bajo por cierto.

En este nivel, es más importante la competitividad y las utilidades de las transnacionales -sobre todo las del sistema financiero- que el bienestar y felicidad de la población, la garantía de su alimentación y el medio ambiente. Hasta los alimentos se han convertido en instrumentos de especulación y lucro. Ni que decir de la salud, educación y la seguridad social, que hace rato que de derechos pasaron a ser mercancías.

En América Latina, el esplendor de este nivel de consciencia se vivió en los años ochenta, con la respuesta a la crisis de la deuda, que consistió en matar a la población de hambre con tal de pagar puntualmente la usura del sistema, parar la hiperinflación y poner a los grandes números de la economía en orden. La política del shock, producto de un pragmatismo insensible, reflejó mejor que ninguna, eso de que el fin justifica los medios.

Y ahora, podemos ver con claridad que lo que vivimos con angustia y violencia por estas tierras y que nos llevó a la mala, de la bancarrota fiscal a la emisión de bonos soberanos, es lo mismo que se está imponiendo en Europa, pero esta vez con respuestas sociales de mayor envergadura. Basta mirar a Grecia, que de ser un país al que muchos veían solo como un gran museo, muestra hoy a ciudadanos que hasta se suicidan frente a los edificios públicos para protestar contra las brutales medidas de ajuste, fruto de la intervención de la Troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea) en su gobierno. Les están extirpando no solo salarios decentes y pensiones, sino también su propia política. Tal como nos hizo el FMI en su momento, con las cartas de intención.

Claro, luego del tsunami neoliberal de los noventa, muchos países de América del Sur, empezaron con la ardua tarea de revertir lo que parecía irreversible. Primero fue Venezuela, luego Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador y otros más que quisieron salirse de este esquema en el que el Estado es una especie de mesa de partes del gran capital.

Este proceso que lleva pocos años, nos está dando ya algunas lecciones, que en palabras de Valter Pomar, dirigente del PT brasileño, se resumen en que recuperar márgenes de soberanía estatal y redistribuir la riqueza aumentado la capacidad de consumo de las capas populares, no es suficiente para salir del neoliberalismo. Pues, si no se reestructura la forma de producción y acumulación vigente, a la larga, los logros políticos y sociales decaen, y la resistencia al cambio de la matriz neoliberal se fortalece. Soberanía y redistribución dan elasticidad pero luego muestran retornos decrecientes. Y eso, lo vemos en varios países con gobiernos progresistas en la región.

El reto de salir del modelo sigue allí, y no solo basta promover el mercado interno ni tener más Estado, es básicamente una tarea de elevación del nivel de consciencia, y para eso, los medios de comunicación son claves.


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Carlos Alonso Bedoya

Economía disidente