Reflexione, señor Santos

El clima de conflicto, de confrontación, continúa, lamentablemente, imperando en Cajamarca, y hay allí una personalidad, una autoridad, a la que queremos dirigir estas líneas, porque juega un rol decisivo para que ese ambiente, negativo para esa región y para todo el país, persista o ceda el paso a la confianza y la concertación, del diálogo y el entendimiento, única vía para salir adelante.

| 11 agosto 2012 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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Nadie puede negar que Santos ha logrado consolidar un liderazgo regional, aunque, como cualquier dirigente, está también sujeto a controversia; no solo ha logrado ser elegido por el pueblo, sino que se mantiene en la alta responsabilidad, con considerable apoyo ciudadano.

Para quien ha surgido de los sectores populares, es sin duda un gran mérito que haya alcanzado tal nivel de influencia y poder regional, pero debe tener mucho tino para manejar su posición y seguir manteniéndola, para avanzar a nuevos objetivos que, como todo líder político, ambiciona.

Pero, definitivamente, independiente de entrar a analizar si tiene razón o no en su posición respecto al proyecto Conga, no es aconsejable que pudiera creer que avanzará a esos objetivos catapultado por el conflicto como actitud constante, creyendo tal vez, en forma por demás errada, que así alcanzará las metas que anhela.

La historia demuestra que los grandes líderes han sabido actuar conforme a las circunstancias, entienden que hay etapas de lucha y hay etapas en las que la paz y el diálogo son las armas, sobre todo cuando la lucha ha conseguido victorias que no deben desvanecerse por el empecinamiento o por el poco recomendable maximalismo, acaso bajo la presión de quienes todavía creen en el cuento de “cuanto peor, mejor” que tanto dolor ha terminado causando a los pueblos.

Un líder no puede presentarse a los ojos de su pueblo como el negador del diálogo y el entendimiento, de ninguna manera debe ser él quien se oponga a tan plausibles caminos; porque corre el riesgo de que quienes hoy lo siguen crean que solo puede dirigirlos en la contienda, pero no gobernarlos.

Un líder sabe, por cierto, esperar el momento indicado para dar los pasos adecuados; no quema etapas y construye con paciencia y perseverancia un liderazgo que convenza que puede ejercerlo en cualquier circunstancia, ganando así la confianza de su pueblo; y el reconocimiento de la historia.

Reflexione, señor Santos, y vaya con calma, demuestre que puede conducir a su pueblo también por los caminos de la concertación, que tanta falta hace después de tanto rencor y tanto dolor.

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