Reflexión navideña

Hace años, Papá Noel recorría la mente de las criaturas, que preparaban sus cartas pidiendo obsequios y hasta las depositaban en muñecos gigantes que estaban en determinadas tiendas. Qué le vas a pedir, preguntaban los padres a sus hijos; los ayudaban a redactar las cartas.

| 23 diciembre 2008 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 547 Lecturas
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Los niños se acostaban temprano, dormían pensando en los juguetes y se levantaban rápidamente. Por cierto, algunos hogares pobres no tenían esa misma alegría, pero los padres trataban de contentar a sus hijos, por la importancia de la Navidad. Poco tiempo después, apareció la figura del Niño Manuelito y se fue descubriendo que la figura obesa de Papá Noel era simbólica y no existía ninguna persona que lea sus cartas, que recorra los domicilios y deje los regalos. La ilusión de los niños fue desapareciendo; ahora cada uno pide su propio regalo y los padres deben hacer maravillas para contentarlos. Todas las familias anhelamos tener alegría, nos deseamos una feliz Navidad y procuramos entregar obsequios. La cena navideña se impone en la mayoría de los hogares; que comparten la chocolatada y los regalos. Hay quienes tienen parientes en el extranjero o se encuentran delicados de salud y sólo pueden saludarse telefónicamente; pero, todos están en libertad, aquel derecho por el cual debemos luchar siempre.

Hoy queremos reflexionar sobre la Navidad que espera a quienes se encuentran privados de la libertad, sufriendo carcelería, encarcelados injustamente o detenidos abusivamente; aquellos ciudadanos recluidos por alguna represalia, un error judicial, la incompetencia de algún magistrado, una resolución prevaricadora, una falsa acusación o una venganza judicial; recordando que en algunos casos están en centros penitenciarios del interior, alejados de sus familias. Estarán, en soledad, pensando en su libertad y esperando que sus familiares los visiten y les lleven algo de comprensión. Algunos reclusos, seguramente, estarán indiferentes ante tan importante celebración navideña; sin embargo, son seres humanos, merecen aliento y esperanza. Cuántas madres o esposas no podrán pasar la nochebuena con sus hijos o cónyuges?. Cuánto dolor habrá en aquellas familias cuyos parientes inocentes están privados de la libertad?.

Finalmente, ¿cómo pasarán la Navidad, aquellos policías que adulteran los atestados, aquellos fiscales que formulan falsas denuncias o acusaciones sin sustento y aquellos jueces prevaricadores que privan de la libertad o condenan a inocentes?. ¿Podrán realmente transmitir felicidad y alegría en sus hogares?

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Heriberto Manuel Benítez Rivas

El dedo en la llaga...

Columnista

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