Reelección conyugal

Un madrugador inicio de campaña lleva al gobierno dual al intento de inhabilitar a Alan García. La pareja gobernante presume que será un rival insalvable el 2016 y para aliviarse el camino, no se les ocurrió nada mejor que recurrir a la probada sagacidad del presidente de la llamada megacomisión que lo investiga.

| 11 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 962 Lecturas
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Apurado tras dos años de pesquisas que le han valido el reconocimiento nacional por su inconsistencia, sin ningún resultado medianamente serio, decidió adelantarse a su propia comisión y presentó, para sorpresa de sus colegas, un informe en un programa de televisión donde denunciaba los indultos a “delincuentes” otorgados en el quinquenio anterior.

Por el tono utilizado, quedó claro que creía que los indultos y las gracias presidenciales corresponden a los condenados por su inocencia. Lo respaldó en el acto el primer ministro Jiménez Mayor, sin acordarse que llevaba varias decenas de traficantes de drogas beneficiados con su firma y la del presidente Ollanta Humala.

Manifestando prematuras lagunas, tampoco recordaba que desde la transición participó en el otorgamiento de gracias y reducción de penas. Mucho menos quería que le mencionen su colaboración con la dictadura de Alberto Fujimori, junto con otros “izquierdistas”, en una nefasta reforma judicial conducida por un militar y digitada por Montesinos.

Todo no pasaría de una comedia de equivocaciones, donde el astuto congresista intentó coronar el espectáculo con la “confidencia” de un cabecilla del narcotráfico, informante habitual de los medios y proveedor de la marihuana de cierto estrafalario reo de Piedras Gordas; salvo porque responde a la estrategia de la reelección conyugal.

Uno de los resultados de la crisis de los partidos devino en la aparición de clanes familiares que tratan de cubrir el vacío con suerte desigual. Las gens Fujimori y Toledo consiguieron cierta articulación política sin poder desprenderse en absoluto del apellido.

El árbol genealógico de don Isaac no alcanza tal nivel. La deriva ideológica los lleva del etnocacerismo nazi pasando por el bien financiado chavismo, hasta el centro derecha en el que anclaron desde la segunda vuelta. En todo el lapso transcurrido nadie puede verificar la vida institucional del registrado pero fantasmal Partido Nacionalista Peruano. Sus dirigentes están pintados en la pared y sus más destacados parlamentarios saben que todas las decisiones las toma el “equipo presidencial”, o sea la pareja.

Como nunca intentaron construir una organización en serio, solo les queda promover a la otra mitad del equipo gobernante. Necesitarían derogar la ley electoral que desarrolla el mandato constitucional para impedir que desde el poder se perpetúe la familia. El esquema de los Kirchner resulta clarísimo y si no logran modificar la ley en el Congreso, recurrirán a una interpretación auténtica del Jurado Electoral.


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