Recuerdo de mamá

Ahora que mamá ya no está, en tardes como ésta, lluviosa y fría, su recuerdo me abriga como un abrazo suyo. Era una brava del norte, con una fuerza descomunal superior incluso a la de papá, con unas ganas inmensas para hacer miles de cosas y tan generosa y buena y cómplice que me dio su venia para que me casara a los 17 años de edad con mi prima hermana, su sobrina carnal que con sus 16 años de edad de diosa coronada me había vuelto loco de amor.

| 25 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 658 Lecturas
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“Te doy permiso porque te casarás por amor, pero júrame que jamás le dirás a tu papá que lo hiciste con mi permiso. Que se friegue, porque nunca está en casa para ver las cosas importantes. Siempre está de viaje. Siempre está lejos. Dice que vendrá, pero nunca cumple con su palabra. Que se entere por ti cuando ya tengas hijos, después de acabar tu carrera como me lo prometiste”.

Pero mi padre se enteró de mi boda secreta mucho antes de la ceremonia. Imagino que la mamá de mi novia, mi tía, se lo contó. No llegó a la boda; pero volvió a casa algunos meses después de mi matrimonio y molió a mi mamá con todo tipo de improperios acusándola de alcahuete y porque yo, que había prometido tener hijos solo después de terminar la carrera, no había cumplido, porque la había embarazado y había dejado la universidad. Lo que pasa es que mi prima y yo habíamos decidido casarnos porque habíamos concebido un hijo. Además de eso, me llegaba la universidad y la dejé en el segundo año.

Mamá, después de escuchar la carajeada de papá, fue a la casa donde vivía con mi esposa y me sacó el alma con el chicote de tres puntas de siempre. Me dejó tantas huellas en el cuerpo que no pude acostarme por tres semanas. Después de los golpes, ante la mirada atenta de su sobrina-nuera, me lanzó un fajo de dinero.

—Maldito, hijo de tu padre. Me mentiste. Si no fueras mi hijo, te hubiese matado. Te dejo ese dinero para que te ordenes y vuelvas a la universidad. Tienes una semana. Una semana. Vuelvo en una semana y si no has cambiado te saco el carajo y se lo doy de comer a los perros y a la cojuda de tu esposa que no te aconseja le quito lo idiota a golpes.

Volví a la universidad. Trabajé como mula por más de cincuenta años. Le di a mi madre linda seis nietos más; y me dejó un día como hoy de hace ocho años. Recordar me hace bien.


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