Recordando: las elecciones de 1980 - Ayacucho

1).-Hace ya 32 años, un día antes de las elecciones generales programadas para el 18 de mayo de 1980, en el alejado distrito de Chuschi, un grupo de pobladores encapuchados quemaron las ánforas y cédulas de votación, como una forma de rechazo a las elecciones. No hubo víctimas y los responsables, según la Policía, fueron capturados 48 horas después. El hecho pasó desapercibido hasta en Ayacucho. Años después, y pomposamente, nos enteramos que lo sucedido en Chuschi fue presentado como la principal acción militar de ILA (Inicio de la Lucha Armada senderista).

| 26 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.7k Lecturas
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En realidad, el triunfo abrumador de la candidatura de Fernando Belaunde y Acción Popular, que se negaron a participar en las elecciones para la Asamblea Constituyente de 1978, era el tema dominante en los días que transcurrían hasta esperar los resultados oficiales. Semanas antes de las elecciones, la candidatura de Armando Villanueva y el Apra se presentaban como favoritas, y hasta se hablaba de un pacto con los militares que estaban ya de salida.

En la Izquierda, el intento de construir la unidad en torno al ARI (Alianza Revolucionaria de Izquierda) había fracasado días antes de los plazos para presentar las candidaturas. El exceso de ideologismo, el sectarismo y no pocos intereses personales, atizaron el rompimiento.

2.- Producida ya esta dispersión, y a marchas forzadas, los que pertenecíamos a la llamada “nueva Izquierda”, el MIR y VR que conformábamos la UDP (Unidad Democrática Popular), inscribimos nuestra lista de candidatos para diputados por Ayacucho en el último día permitido por la ley. En una simple asamblea y a mano alzada se confeccionó la lista de los cuatro candidatos a diputados. Ya se sabía que divididos del Focep, UI, PRT, UNIR, etc, no podíamos ganar nada. Era una lista “kamikaze”, acompañada de un reducido pero valiente grupo de militantes. Decidimos no polemizar entre grupos de la izquierda y centrar nuestra campaña contra el Apra. Pero la realidad ya era otra, y desconocida por nosotros.

A los lugares que íbamos en campaña, nos encontrábamos con una férrea oposición de un sector importante de pobladores de pequeñas localidades que nos acusaban de “encallecidos electoreros”. También nos pifiaban y algunos tiraban piedras y gritaban consignas a favor de la lucha armada; se escuchaba hablar de la “la situación revolucionaria” que vivía el país. En otros sitios, a pesar de la preparación del mitin, cuando llegábamos no había una sola alma, ni siquiera los comprometidos en organizarlo; se sentía el temor. A los senderistas de entonces, ingenuamente los llamábamos “infantilistas de izquierda” (por estar en contra de las elecciones), hasta que la cosa se puso brava en el mitin de cierre de campaña (Carlos Malpica era nuestro candidato a la presidencia).

Así y todo hicimos importantes mítines, en Huamanga, Huanta, Cangallo, La Mar (San Miguel, Tambo y el Vrae). Obtuvimos cerca de 6 mil votos (importante para la época). Y quedó claro el objetivo senderista que, agazapado, ya se había preparado para iniciar el camino hacia su llamado “nuevo poder”, reemplazando a las autoridades comunales mediante la violencia, convenciendo a algunos e imponiéndoles su dictadura a la mayoría.

Sin embargo, por entonces, no imaginábamos la gravedad de la futura tragedia.


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Carlos Tapia

Opinión

Columnista