Recordando el artículo 53

Me recuerda mi amigo Walter Palacios que la Constitución de 1933 tenía un artículo N° 53 que se hizo merecidamente famoso. Era el que decía: El Estado no reconoce la existencia legal de los partidos políticos de organización internacional. Los que pertenecen a ellos no pueden desempeñar ninguna función política. “Internacional” tenía entonces la connotación que hoy se le otorga a la palabra “terrorista”. Es decir, el que es diferente y constituye una amenaza para los demás.

| 25 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 983 Lecturas
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Obviamente el legislador dirigía su puntería a dos partidos en concreto: el Apra (que se proclamaba Alianza Americana) y el Partido Comunista, que era integrante de la Internacional Comunista o III Internacional.

En 1945 (gobierno de Bustamante) y 1956 (gobierno de Prado), el Apra transó con otras fuerzas políticas su legalización a cambio de su voto, hasta llegar a la década de los 60, ya plenamente incorporado al sistema y aliado de la extrema derecha.

Pero el artículo 53 siguió allí hasta que la Constitución de 1979 lo borró del mapa. Hoy vamos camino a establecer que los partidos que profesen “ideologías terroristas”, son incompatibles con el sistema y que no se les reconoce legalidad ni posibilidad a sus miembros para que ejerzan función pública.

La cosa parece tan simple como hace 80 años: se están refiriendo, dicen, a Sendero Luminoso y sus organismos generados como el Movadef, así que el resto tranquilo.

Pero estamos hablando de ideología y no de acciones de terror o violencia específicas. E ideología es como piensan las personas. Entonces nos encontramos con Rafael Rey haciendo su propia guerra al terrorismo contra Carlos Tapia, que llegó a ser instructor de entidades militares en estos temas. Y a Aldo M en sus tantas veces recordada carátula sobre que el puño cerrado de Susana Villarán se parecía al puño cerrado de Abimael Guzmán. O el reciente incidente que llevó a la renuncia a la Embajada en Argentina de Nicolás Lynch.

Es decir, en el clima enrarecido de la política peruana bajo el pragmatismo de Ollanta Humala, cualquier cosa puede pasar. Por ahora es muy fácil hacer el nexo entre Sendero y el Movadef, y que lo evidente es que se trata de una manifestación de su nueva política orientada a la acción legal y la amnistía para sus dirigentes presos.

En medio de la gran confusión existente y de los miedos con que se quiere alentar lo irracional en la gente, es difícil discernir sin embargo si la “ideología terrorista” de la que se habla es solo de lo que le queda del anterior Sendero: justificar los crímenes de guerra, resistirse a una autocrítica de sus responsabilidades, reivindicar el “pensamiento Gonzalo” como si fuera coherente en todas sus partes, etc.; o abarca también su nuevo discurso: participar en elecciones, levantar los derechos humanos, renunciar al uso de las armas.

La idea es que el Movadef afirma todo lo último para disfrazar sus intenciones. No que han sido derrotados y buscan reacomodarse por la fuerza de los hechos y con replanteamiento incompleto. El riesgo es sin embargo que se entre a un terreno de interpretación de la “ideología” del otro a partir de sus supuestas intenciones y que esto se preste a cualquier tipo de abusos.

El principio de que el sistema acepta la actuación de todo partido que se sujete a las reglas del sistema y excluye a los que las subvierten, es la idea elemental de cualquier democracia. Pero en el Perú creemos que eso es bobería. Y pedimos que para que esto funcione nos llenemos de censores, espías y cárceles como la vía para vivir en paz.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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