Recordando: Alfonso Barrantes

1.- El viernes 30 de noviembre hubiera cumplido 85 años. Murió en Cuba, tras sufrir una penosa enfermedad, aunque sus restos reposan en nuestro país. No basta recordarlo como el buen alcalde que fue, sino, también, como aquel político que hizo de la Izquierda Unida una ilusión organizada a favor del cambio en el país.

| 03 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 956 Lecturas
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Siendo joven cajamarquino, inició su militancia en el APRA cuando estaba perseguida por la oligarquía, luchaba contra el imperialismo y ser aprista era sinónimo de entrega a una causa superior y ejemplo de honradez y coraje. Eran otros tiempos. De esa experiencia aprendió muchas cosas, que le sirvieron después para construir su liderazgo en la izquierda y convertirla en una fuerza verdaderamente nacional.

2.- Se trazó la meta de la unidad de la izquierda. Para las elecciones de la Asamblea Constituyente de 1978, presidió la UDP (Unidad Democrática Popular), formada por una diáspora de grupos de izquierda, cinco facciones del MIR, tres de VR, dos facciones del PCR, etc. Ayudó a superar las diferencias. Alfonso Barrantes, poco a poco, con su elocuencia, decencia política y tratamiento firme pero respetuoso con sus adversarios de la derecha, se fue ganando un espacio de líder nacional. Jamás abdicó de su filiación izquierdista.

Para las elecciones generales de 1980, la situación se complicó aún más. Después de la ruptura del ARÍ, se formo Izquierda Unida con las fuerzas de la UDP+ el UNIR (PR+VR-PC+FLN)+la UI (PCP+PSR), el FOCEP y personalidades independientes. Esta unidad, que permitió ocupar el segundo lugar en las elecciones municipales de Lima en 1980, y ganarlas después, en 1983, hubiera sido imposible sin la presencia de la figura señera de Alfonso Barrantes y su carismática candidatura. Pero nunca perdió la modestia ni el sentido del humor.

3.- Ya como alcalde de Lima, el “tío frejolito” se ganó el corazón de los pobres y excluidos y el respeto de los sectores pudientes. Caso raro en la política del país. Su gestión fue un ejemplo de gobierno municipal democrático, supo delegar poder y responsabilidad en los regidores de la oposición y su legitimidad se basó en una honestidad reconocida por todos.

La derrota en las elecciones presidenciales de 1985 y la posterior división de IU en 1989, son parte del otro lado de la medalla. Pero con el transcurrir del tiempo las fuerzas de izquierda y sus principales actores, reconocemos autocríticamente la miopía que nos obnubiló y favoreció la desunión. Por ejemplo, la injusta crítica a la propuesta de Barrantes para que la izquierda apoye un “frente antiterrorista” con otras fuerzas democráticas. De haber seguido su propuesta, la IU hubiera tenido otro destino. Y nuestra democracia también.

Pero los errores se pagan. Por eso, la sabiduría popular supo castigarnos durante 22 años en que nos obligó a ser simplemente acompañantes de otros proyectos ajenos al nuestro. Así, en esta coyuntura, donde el continuismo neoliberal avanza sin mayor oposición, crecen la corrupción y el desaliento popular, es necesario insistir en la unidad del progresismo, la izquierda y los movimientos sociales en un solo referente político para participar en las elecciones de 2014 y 2016. El pueblo izquierdista nos exige la unidad.


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Carlos Tapia

Opinión

Columnista

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