Quilla se confiesa

Quilla tiene un don extraño. Puede ver y conversar con, digamos, ciertas personas que otros no ven porque creen que están muertas para siempre. Cuando su madre y su tía la trajeron de Iquitos a Lima a una casa amiga, pasó algo extraordinario.

| 29 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 793 Lecturas
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En la casa estaban velando a una niña que se había muerto por una neumonía fulminante a los seis años de edad y de pronto Quilla, con apenas cinco años, empezó a gritar como loca. Su madre no entendía qué pasaba. Quilla seguía gritando porque la niña muerta quería seguir hablando con ella y ella ya no quería. Su madre se asustó tanto que creyó que su hijita estaba volviéndose loca y Quilla no paraba de gritar: “¡Ya no quiero hablar contigo!, ¡ya no quiero hablar contigo!, ¡ya no quiero hablar contigo!”. El velorio se tornó muy extraño y nadie podía calmar a Quilla. Gritó hacia la nada cerca de media hora tratando de que la muertita entendiera que ya no quería hablar con ella; y dejó de gritar cuando al fin la muertita se fue del lugar porque el abuelo de la difunta trajo de su cuarto un “tres puntas” para castigar a niños malcriados con la intención de asustar a Quilla. Fue la muertita quien se asustó y se fue. Quilla se calmó y pudo dormir tranquila.

Quilla es callada, pensativa y tiene la cara de saber más que el resto, porque conversa con ciertas personas... Ahora dialoga con su madre muerta, cada vez que su tía Marcela sale al trabajo; y cada vez que Marcela vuelve a casa su madre desaparece, se desvanece en la nada, dejando en Quilla una rara sensación de pena.

—Quilla, estoy esperando que me expliques eso de que puedes hablar con tu mami.

—Sí, hablo con ella, tía, pero no es lo mismo, porque no puedo tocarla ni sentir su perfume ni darle un beso. Solo la escucho como si me hablara desde otra parte.

—¿Entonces era verdad que ya no querías hablar con la niña que se había muerto hace...?

—Claro. Pero ahora estamos hablando de mi mamá.

—Sí, claro. ¿Cómo está ella?

—Está bien y dice que te agradece mucho por cuidarme, que por favor ya dejes de llorar por ella y que pienses más en ti.

—¿Qué más dice?

—Que aceptes a ese chico calvito que hace mucho te está pidiendo que seas su novia.

—¿Ella cómo lo sabe?

—Ay, tía, ella siempre nos protegerá. Ah, me dice que tenemos que mudarnos porque mi papá ya se enteró que estamos viviendo aquí y en cualquier momento puede llegar. No quiere hablarme sobre mi papá. ¿Por qué, tía?

—Yo te dije que te contaría de él más adelante.

(Continuará mañana)


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