Quiero saberlo

—¿Por qué Dios no permite que mi mamá vuelva a casa al menos un ratito?

Pregunta Quilla, como buscando la verdad. Ella es muy lista y perspicaz y ve cosas. Es una niña callada, pensativa. Tiene la cara de saber más que el resto. No es una niña cualquiera de siete años de edad.

| 27 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 710 Lecturas
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Su tía Marcela llora de pena, y ante los ojos acuciosos de Quilla repite: Tu mamá vive ahora en la casa de Dios y por eso no vuelve a casa. Cree que a su edad, Quilla todavía no está preparada para enterarse de la verdad.

—No llores, tía, yo entiendo. Mi mamita está lejos, pero igual la esperaré siempre. Ya no llores.

Quilla se muere por enterarse de la verdad aunque, a veces, piensa que es mejor seguir creyendo que ella está viva al lado de Dios.

Desde el día del accidente, la tía Marcela se encarga de la casa. Tiene 20 años de edad y la responsabilidad enorme de criar a Quilla. No tiene otra salida. Quiere cumplir la promesa que le hizo a su hermana minutos antes de que cerrara los ojos: “Yo cuidaré de Quilla y el maldito de su padre jamás se enterará dónde estamos”.

En casa nada es igual. El jardín se ha muerto de sed, los colores han perdido su brillo, el gato grande ha tomado su propio camino, las cuentas crecen cada día más, los vecinos se olvidaron de las visitas solidarias. Marcela hace lo que puede, y a veces cae abatida por la tristeza: “Si estuvieras aquí, todo sería diferente, hermanita”, llora.

Quilla trata de consolarla: “No llores, tía, yo te voy a ayudar. No llores, además mi mamita puede volver y no le va a gustar encontrarte llorando”.

—Ay, Quilla, eres tan linda. Vamos a salir de esto. Quiero que seas muy fuerte. Quiero que estudies mucho y que te portes muy bien. Yo voy a trabajar duro para sacar la casa adelante. Las dos seremos felices. Ya verás.

—Está bien, tía. Haré lo que tú quieras. Pero quiero pedirte algo.

—Dime, Quilla.

—Quiero saber la verdad.

—Tu mami vive con Dios.

—Tía, por favor.

—Me da mucha tristeza, Quilla.

—Tía, quiero saberlo.

—Está bien. Te contaré.

(Continuará mañana)


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