Quiero mi nariz

Nancy había ahorrado dinero y quiso matricularse en un instituto para estudiar inglés; pero su amiga Bertha la convenció para que se operara la nariz aguileña y ahí empezó su drama.

| 27 mayo 2013 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.1k Lecturas
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No le afeaba el rostro su nariz sino todo lo contrario, pero se operó de todas maneras creyendo que después de la cirugía iba verse mucho mejor y ahí sí el pepón del barrio iba a caer rendido a sus pies. No fue así. La operación fue exitosa, pero Nancy, cuando se vio al espejo, vio a otra. No podía reconocerse; entonces empezó a preguntar a sus amigas y éstas decían que había quedado bien; pero ella no podía reconocerse. Además el pepón del barrio no la reconoció cuando se cruzaron en la calle. Nancy, inmersa en la depresión, juntó dinero otra vez y se hizo una nueva operación con la idea de reconocerse en el espejo. Quería un arreglo simple, pero al cirujano se le fue la mano y le hizo una operación que cualquiera puede calificar como buena, pero para Nancy fue una desgracia. Su rostro era de otra y Natalia sintió que había muerto en vida y se hizo una cirugía más después de un tiempo con el sueño de volver a verse como antes como en aquellos tiempos en que el pepón del barrio le sonreía. “Solo quiero ser la misma de antes”, le dijo al último cirujano. Nunca ocurrió.


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