Quiere hablar con su alma

Se llama Almadema. Su papá José dice que le puso ese nombre porque sintió que ella era el alma de su esposa María. Almadema: Alma de María. José tiene una forma creativa de poner nombres y es posible que no haya nadie más en la tierra que se llame así. Cuentan que en realidad José y María querían tener un hijo para ponerle Jesús, pero les salió Almadema.

| 01 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 638 Lecturas
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Pero ésta no es la historia del origen de un nombre extraño. El asunto de este texto es que Almadema tiene la peculiaridad de ver, según ella, el alma de la gente. Parece increíble, pero es así. Ella asegura que siempre ve a un extraño ente que, sin forma definida, como un aura, como una sombra, sale del cuerpo de la gente. “A veces llego a hablar con esos entes sin forma”, dice.

Notó que tenía ese don cuando era niña, una tarde en que su padre le llamaba la atención por una travesura. “Vi como salía del cuerpo de mi padre un ente color humo como la forma de su cuerpo”, dice.

Justo cuando le contaba el descubrimiento de su don a su mamá vio que del cuerpo de ella también salió otro ente y la abrazó con una ternura insondable que la hizo llorar de emoción.

—¿Qué pasa hija, por qué lloras?

—Lloro por el amor que sientes por mí, mami.

Almadema tiene ahora veinte años de edad y está acostumbrada ya a ver el alma de todos: del taxista, del profesor, del jardinero, de la doméstica, del congresista (alma negra) o de cualquiera que pasa por la calle. “Todas las almas son buenas, los malos son los cuerpos que no merecen estas almas”, me dijo.

Puede ver el alma de todos, salvo el de ella, y eso que lo ha intentado infinidad de veces desde que descubrió su don peculiar. Cierto día, golpeada por la soledad, quedó mirándose en el espejo por cinco horas seguidas con la ilusión de ver a su alma para preguntarle cosas. Nunca la vio.

Conversó hasta con el alma de esos chicos que buscan “tesoros” en las bolsas de basura en la calle, pero nunca con la de ella. Nada bueno es para ella ver el alma de los demás. Cierta noche creyó que es posible que en el mundo pueda haber alguien con el mismo don que ella, y buscó como cinco años y no tuvo suerte. Nunca encontró a nadie. Almadema ahora va por el mundo en busca de su alma. Quizá lo único que quiere es conocerse a sí misma y entenderse, entender de qué está hecha. Sueña con que uno de estos días su alma le cuente por qué sufre mucho.

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