¿Quiénes son los revocadores y qué pretenden?

Se equivoca quien piensa que el próximo proceso revocatorio se definirá en razón de si estamos ante una alcaldesa y un grupo de concejales eficientes o si más bien, son autoridades incapaces: Susana Villarán y sus regidores, más allá de errores o equivocaciones, han demostrado un mejor manejo del gobierno municipal que el de su predecesor inmediato, Luis Castañeda.

| 10 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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Mientras que el nivel de ejecución de inversiones de la Municipalidad Metropolitana de Lima durante el primer año de gestión de Castañeda, el 2003, llegó al 37.5% del total del presupuesto, en el mismo periodo, el de Susana Villarán alcanzó el 53.0%. Algo similar ocurre en el segundo año: Castañeda invierte el 40.4% y Villarán el 67.0%. En el rubro ingresos tributarios también gana Villarán. Mientras Castañeda recauda en su último año de gestión, es decir, luego de ochos años, 699 millones de nuevos soles, Villarán alcanza, solo durante el primer año, 849 millones.

Además la alcaldesa ha emprendido importantes reformas como las del transporte y el comercio mayorista, que durante sus ocho años de gestión, Castañeda escabulló. Las diferencias entre ambos son notables y demuestran que la campaña contra la supuesta ineficiencia de la actual administración solo es parte de una estrategia mayor que tiene otras razones. A los revocadores, en verdad, poco o nada les preocupa el futuro de Lima.

En realidad, estamos frente a una coalición que agrupa a dos sectores: a) políticos corruptos y mafias organizadas, y b) sectores de derecha autoritarios ligados a los grandes intereses económicos. Que hoy Roque Benavides, amigo de Alan García, llame la atención a la Confiep por oponerse a la revocación de la alcaldesa Villarán; que Francisco Tudela, connotado fujimorista, desempolve viejos argumentos de la época de la guerra fría para atacar la actual gestión municipal; o que sean las mafias que dominan, formalmente, ciertos gremios de los transportistas los principales opositores de Susana Villarán, son buenos ejemplos del nivel de entendimientos entre estos sectores.

Es una alianza política entre apristas, fujimoristas, algunos grandes empresarios, sectores mediáticos y “solidarios” (Solidaridad Nacional), algunos alcaldes distritales que buscan la reelección, y que tiene como una de sus bases sociales de apoyo a las mafias organizadas en Lima. Un primer acuerdo es que Luis Castañeda sea el futuro alcalde de Lima de esta alianza política.

El objetivo no es otro que limpiar el camino para que en las próximas elecciones presidenciales de 2016, en un contexto en el que no existan peligros ni sorpresas, ambos grupos puedan competir electoralmente y disputar quién representará políticamente los grandes intereses económicos en este país.

En última instancia, es evitar un escenario similar al de las últimas elecciones presidenciales en el que triunfó Ollanta Humala en alianza con sectores progresistas. Lo que se busca es que una posible división de la derecha, como fue en la anterior elección, no represente una amenaza y un peligro para estos intereses.

Por eso ahora pretenden derrotar a lo que podemos llamar el polo progresista y a los movimientos sociales para convertirlos en fuerzas marginales e incapaces de establecer alianzas similares a las de 2011; aislar a partidos liberales democráticos como Perú Posible y el Partido Popular Cristiano, clientelizar a alcaldes distritales que buscan su reelección y controlar las instituciones del régimen político como hoy viene sucediendo crecientemente con los órganos electorales y la justicia.

La idea es cerrar un ciclo político que se inició con la caída del fujimorismo a inicios de la década pasada para consolidar un bloque en el poder claramente derechista y corrupto. De lo que se trata es de soldar una alianza en las alturas y disciplinar a los sectores populares como sucedió en la década de los noventa. Es una vuelta al pasado. La clásica política “gatopardiana” en la que todo cambia para que todo siga igual y hasta, incluso, peor.

En este proceso la revocación contra la alcaldesa Susana Villarán es el inicio de una política sostenida que, con seguridad, solo tendrá fin cuando se den los resultados electorales de 2016.

El triunfo de los revocadores significaría el primer paso para construir una democracia mafiosa y legitimadora de un modelo y de un crecimiento económico excluyentes. Por eso lo que se quiere revocar no es solo a una alcaldesa y sus regidores, es también un intento por revocar a todos aquellos que, desde diversas trincheras, han luchado por construir una democracia en la que todos los peruanos estemos representados y una sociedad en la que todos seamos iguales. Nos jugamos, en última instancia, el futuro de Lima y del país.


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Alberto Adrianzén M.

Disonancias

Parlamentario Andino

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