¿Quiénes son los negacionistas?

El negacionismo es una corriente política que niega la existencia del holocausto judío. Para ella, el genocidio “practicado por la Alemania nazi contra los judíos y los gitanos no existió, sino que es producto del mito, de la fabulación, del fraude”.

Por Diario La Primera | 26 ago 2012 |    
¿Quiénes son los negacionistas?
POLÉMICA

En realidad, el negacionismo está bastante extendido en el mundo; por ejemplo, el principal centro a nivel mundial de esta corriente se encuentra en EEUU, donde tiene su sede el denominado Institute for Historical Review (Instituto para la Revisión Histórica).

Por otra parte, algunos países árabes son los más activos en esta materia. Un dato curioso es que la mayoría de ellos son socios estratégicos de los EE.UU. en esa región: en agosto de 2002, el Centro Zayed para la Coordinación y Seguimiento, un think-tank de la Liga Árabe, cuyo presidente era el Sultán Bin Zayed Al Nahayan, que ejerció como viceprimer ministro de los Emiratos Árabes Unidos, promovió un simposio de la negación del Holocausto en Abu Dhabi.

A ellos se suman grupos políticos fundamentalistas islámicos, como Hamas, que afirman que el holocausto es una historia supuesta e inventada sin fundamento, y hasta conocidos políticos europeos de derecha como el desaparecido líder del Frente Nacional en Francia, Jean-Marie Le Pen, condenado en varias ocasiones por delitos de complicidad con la apología de crímenes de guerra y negación de un crimen contra la humanidad.

Si se observa bien la palabra “holocausto” no solo evoca la realización de un genocidio contra un pueblo, en este caso contra el judío, sino también una suerte de sacrificio de este mismo pueblo. Se podría decir que el pueblo judío o la comunidad judía en Europa fueron sacrificados en el “altar” de una ideología que sostenía la supremacía de una supuesta raza superior (aria) sobre las otras. Ello explica por qué los nazis fueron capaces de imaginar una “solución final” contra ese pueblo.

Y si bien creo que la humanidad tiene muchas deudas, entre ellas con los negros esclavizados por siglos, se podrá decir que esta misma humanidad adquirió una deuda con el pueblo judío que consistía, primero, en darles un “hogar” y luego una protección que garantizara su supervivencia y pusiera fin a las persecuciones que habían sufrido por varios siglos.

Se puede discutir hoy sobre el comportamiento cada vez más reaccionario y racista del Estado de Israel contra el pueblo palestino (que para mí son los judíos del siglo XXI), pero lo que no puede estar en discusión es la existencia del holocausto y que en ese proceso hay víctimas y victimarios (o culpables).

Esa es la razón, creo, por la cual muchos estados como Alemania, Francia, Suiza, Austria, Bélgica, Eslovaquia, República Checa, Lituania, Polonia, Canadá, Liechtenstein, Nueva Zelanda, Países Bajos, Rumania, Israel y Sudáfrica sancionan penalmente, incluso con la cárcel, el negacionismo. El Consejo de Europa lo define como “la negación, trivialización, justificación o aprobación en público de crímenes de genocidio, crímenes contra la humanidad”.

Si hemos hecho esta explicación es porque hace unos días, durante su presentación ante el Congreso de la República, el presidente del Consejo de Ministros, Juan Jiménez Mayor, anunció la presentación de un proyecto denominado Ley de Negacionismo, la cual pretende penalizar a aquellas personas que buscan intervenir en la vida política del país sobre la base de negar la violencia subversiva que vivió el país.

Jiménez afirmó también lo siguiente: “en el caso nuestro lo que se va a plantear es la recusación de aquellas personas que nieguen los delitos de terrorismo que realizaron SL o MRTA. Quienes nieguen que en el Perú hubo una masacre por parte de estas organizaciones criminales serán sancionados, incurrirán en delito de negacionismo. Esto se realiza como alternativa porque el delito de apología del terrorismo no ha tenido éxito en la persecución penal”.

Sin embargo, caben algunas observaciones. Tan importante es el negacionismo de algunos sobre los crímenes de Sendero Luminoso o el MRTA (sobre todo el del Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales -MOVADEF) como lo es el negacionismo sobre los crímenes de las fuerzas del orden contra la población civil durante los años de violencia.

Más aún, como señala María Belén Gallardo Rivas del IDEHPUCP “existen situaciones que exponen la vulnerabilidad de la memoria colectiva de manera más perniciosa, como es el caso de la precaria atención del Estado hacia el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). La manipulación y tergiversación del documento, el incumplimiento de sus recomendaciones y de las reparaciones a las víctimas por parte de los grupos terroristas y agentes del Estado, la ausencia de debidas investigaciones y sanciones a los responsables, perturban y socavan de manera más contundente la memoria histórica colectiva”.

En nuestro país no nos ponemos de acuerdo respecto al número de muertos, como tampoco sobre quiénes son las víctimas de la violencia. La campaña de la derecha contra la Comisión de la Verdad y la Reconciliación es la mejor expresión de esta suerte de negacionismo.

En este contexto la pregunta es muy simple: ¿cómo aplicar una ley sobre el negacionismo en nuestro país cuando no tenemos una narrativa mínimamente consensuada sobre los años de violencia? Ello no implica desconocer los crímenes del terrorismo, pero tampoco “olvidarse” o silenciar los crímenes del Estado y sobre todo quienes fueron las principales víctimas de la guerra interna.

La propuesta del ministro Juan Jiménez Mayor demuestra que la memoria de un pueblo es también un campo de batalla. No me extrañaría que la narrativa que se quiere construir, al poner en marcha esta ley, sea el paso final para terminar consolidando una memoria amnésica respecto a los crímenes del Estado.

Por eso creo que es un error pensar que este proyecto de ley es solo contra el MOVADEF –en realidad para luchar contra una agrupación violentista que hace apología del terrorismo basta con aplicar la ley de partidos- sino también contra el informe de la CVR y contra todos aquellos que pensamos que en los trágicos años de violencia que vivió el Perú no solo grupos terroristas y fuerzas del orden asesinaron a la población civil sino que también hay víctimas que requieren todavía ser reconocidas y reparadas.

Se podría decir que son “nuestros judíos”, más aún cuando, como dice el informe de la CVR, el 75% de las víctimas eran andinas. Por eso no las podemos negar.


Alberto Adrianzén M.

Alberto Adrianzén M.

Disonancias

Parlamentario Andino