Quién mató al gallo

Mi hermana Norma pegó un gritó tan fuerte que despertó al perro y a las tres gallinas en el jardín. “Mataron al gallo, mataron al gallo”, gritaba mi hermana con un pavor tan grande que mi papá tuvo que sacarla cargada de la casa para que se tranquilizara.

| 04 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 903 Lecturas
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Fue un domingo de hace como 25 años, cuando llegamos a casa cerca a las diez de la noche después de un paseo familiar. Hacía dos meses, papá había comprado un gallo de plumas coloradas con la ilusión de que se enredara solo, como valiente guerrero, con las tres gallinas que se resistían a poner huevos pese a sus edades propicias.

Después de que mi hermana saliera gritando desquiciada del jardín, solo mamá se atrevió a acercarse a la jaula del gallo y después de verlo muerto regresó a la sala con ganas de vomitar y se fue corriendo al baño.

Yo tendría 12 años de edad y digamos que era valiente para ciertas cosas, pero después de las reacciones de mi hermana y mi mamá, dos mujeres cangallinas valerosas, no me atreví a acercarme para ver qué le había pasado al gallo.

Cuando volvió papá con Norma ya tranquila, le dije: “Vamos a verlo”.

Papá y yo nos acercamos y vimos que al gallo le habían cortado el cuello como con serrucho, le habían raspado la cresta sin piedad y con saña, arrancado las vísceras sin desplumarlo. Sus patas carecían de uñas y la cabeza de ojos, y sus alas estaban hechas trizas.

Papá agarró el candado nuevo, grande y resistente de la jaula y estaba cerrado sin ninguna huella de haber sido violado. “Quién mierda hizo esto”, dijo. Revisó la jaula y estaba intacta. “Cómo mierda lo hicieron”, agregó.

Mi papá pensó que había sido el vecino alto y flaco que se quejaba del canto del gallo; mamá creyó que era una señal para asustarnos. Yo en realidad no pensaba ni como papá ni como mamá porque cuando los miraba a los ojos sabía que ellos ignoraban de lo que hablaban.

A mi hermana y a mí nos prohibieron hablar del gallo y regalaron a las gallinas y vendieron las jaulas al botellero. Después de un tiempo le pregunté a papá sobre el hecho y me dijo asustado: “Por qué me preguntas si sabes que te voy a decir que no sé”.


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