¿Quién manda a quién? Presupuesto educativo

La injerencia de la economía en la política educativa es cada vez menos sutil. Se grafica año a año en las decisiones sobre presupuesto para educación y recientemente ha logrado que la Comisión de Educación del Congreso retroceda sobre las partidas a asignar para la Ley de Carrera Docente.

| 12 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Sin negar el necesario diálogo entre política educativa y política económica, hay que evitar que se diluya la consistencia, autonomía y peso propio que debe tener la gestión educativa. No solo porque la educación es un factor clave para el desarrollo, sino porque las políticas sociales constituyen una mediación indispensable entre crecimiento económico (economía) y bien común (bienestar). Si solo aspiramos a crecer, olvidémonos de la educación y las políticas sociales, pero si queremos un desarrollo humano y sostenible, entonces coloquemos a la educación y la salud en lugares privilegiados a la hora de las decisiones macroeconómicas. Hace ya 20 años el informe Delors afirmó su “convicción respecto a la función esencial de la educación en el desarrollo continuo de la persona y las sociedades… como una vía, ciertamente entre otras, pero más que otras, al servicio de un desarrollo humano más armonioso, más genuino, para hacer retroceder la pobreza, la exclusión...”.

Es discutible, por cierto, cuánto debe invertir el país en la canasta escolar o en el desarrollo magisterial, pero se trata de una discusión que no compete única ni primordialmente al ministro de Economía. Es fundamental mantener la especificidad del espacio educativo en el ámbito de la gestión pública e involucrar a otros actores educativos. Cuando esto se debilita, ocurre una peligrosa involución: recordemos que en Chile autoritario estalló la concepción de lo educativo como espacio público en aras de una privatización instrumental de los servicios educativos. Hoy algo similar pasa en Europa, donde en medio de la recesión la lógica economicista arremete contra el gasto social, suscitando que el ministro de Educación Gabilondo declare que “la educación es la mejor política económica y social”.

Hace dos días el Consejo de Rectores de las Universidades de Chile rechazó tajantemente la propuesta de trasladar el Presupuesto Nacional para Ciencia y Tecnología al Ministerio de Economía y señaló que la ciencia y tecnología en Chile tienen los pantalones bien largos. En el Perú, la educación, la ciencia y la tecnología cuentan con un Proyecto Educativo Nacional de pantalones y faldas bien puestas que afirma que “sin la educación las reformas que hagamos en otros campos, resultarán estériles”.

Desde diversas disciplinas están surgiendo en Europa y Latinoamérica enfoques críticos al modelo económico hegemónico. Urge distinguir entre dos visiones de desarrollo: la que se centra en la optimización de recursos y la liberalización del mercado (economistas como Rosenstein-Rodan o Williamson responsable del documento “Latin American Adjustment”, 1990); y la que postula el desarrollo humano (Sen, Nussbaum), acogida en las Naciones Unidas.

No permitamos que se arrincone a la educación en las decisiones clave. El mercado no es el rey y señor del desarrollo sino el súbdito del bienestar de las personas.


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Teresa Tovar Samanez

A ojo de buen cubero

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