¿Quién engaña al presidente?

Decepcionante para el sector agrario de la patria. Así fue el componente agrario del último mensaje presidencial, con eje en dos falacias: “1) Los agricultores tienen más ingresos por el aumento de los precios y el mayor consumo, y 2) Esto demuestra, contra viejas teorías, que la agricultura crece sin paternalismo y con su propio esfuerzo”.

Por Diario La Primera | 31 jul 2008 |    

El supuesto crecimiento agrario de 5.3% en el primer semestre de este año se cae solo ante el incremento de 5% en el consumo. Pues si estas cifras fuesen reales, la oferta habría superado a la demanda y los precios alimentarios no se habrían disparado; mucho más todavía si se considera que el volumen de las importaciones se mantiene.

Aún más arbitraria es la afirmación de que quienes producen para el mercado interno están ganando más. Pues un riguroso estudio de ASPA demuestra lo siguiente: en marzo del 2007, los productores costeños de maíz amarillo duro recibían 1,308.57 dólares por hectárea, con un rendimiento de 9,000 kilogramos por hectárea. Pero, a junio último, tal ingreso se redujo a sólo 637.75 dólares, o sea, 51.26% menos. Paralelamente, en mayo del año pasado los productores de algodón “Tangüis” obtenían 994.89 dólares por hectárea, con una productividad de 55 quintales en rama por hectárea. Mas en junio último recibieron apenas 411.20 dólares, es decir, 58. 66% menos.

Todo ello como consecuencia del encarecimiento astronómico de los fertilizantes sintéticos, frente a lo cual el Ministerio de Agricultura no ha querido desarrollar ninguna alternativa, y el aumento de los costos del crédito, el transporte y la mano de obra.

Si la situación está así en estos cultivos costeros e industriales que tienen mercado seguro, tanto que debemos importar para cubrir el déficit de la producción nacional; resulta fácil deducir cuán peor está la rentabilidad en los productos andinos y amazónicos, salvo los pocos de exportación.

El Presidente de la República no debería dejarse engañar tan fácilmente por la tecnoburocracia que no conoce al campo y siembra supuestos crecimientos en el papel.


    Reynaldo Trinidad Ardiles

    Reynaldo Trinidad Ardiles

    Opinión

    Columnista