Queremos que se vaya

Amalia no quería irse, pero ya había causado sin querer muchos problemas, y las mujeres de la quinta, incluso las de su edad, querían que dejara el lugar para siempre. Su tía, quien la había llevado a vivir con ella, habló un domingo por la tarde con las mujeres para que la permitieran quedarse al menos hasta que cumpliera los 18 años de edad, pero las mujeres casi al unísono dijeron: “Lo que queremos es que se vaya”.

Por Diario La Primera | 30 jul 2012 |    

Desde Loreto, Amalia llegó en las vacaciones de Fiestas Patrias del año pasado, y fue como si un ángel del cielo hubiera entrado a la quinta gris de casas vetustas para encantarlo todo. Sus enormes y verdes ojos daban la sensación de que venía de otro planeta; y su piel canela y brillante hacía pensar que sí era de estas tierras; caminaba despacio llevando con ritmo de música lenta, unas enorme criaturas tiernas delante de ella, que enloquecieron a todos los hombres de la quinta; sus piernas larguísimas, apenas cubiertas de prendas diminutas, eran lo mejor que tenía, eran tan bellas, que el hombre más anciano del lugar juró que se había curado del corazón con solo verlas.

Desde que Amalia llegó a la quinta, los hombres no hicieron otra que pensar en ella e incluso dos de ellos se hicieron despedir de sus trabajos con la única intención de quedarse en la quinta para verla cuando saliera a comprar pan. Uno de los adolescentes de la quinta casi mata a su vecino de su misma edad en una bronca por quedarse con Amalia porque ninguno de los dos quería perder el mérito de haberla visto primero. Cada familia de la quinta se llenó de hombres que llegaban con cualquier motivo sin decir que el verdadero objetivo era verla de cerca. Los sábados por la noche la quinta se llenaba de borrachos de la cuadra que tomaban todo tipo de licores a nombre de Amalia. Su presencia causó tantos estragos que las mujeres tuvieron que hacer una reunión para decidir que se fuera para siempre. La tía de Amalia hizo todo lo posible para que las mujeres entraran en razón pero fue inútil, entonces Amalia tuvo que volver a Loreto, llevándose toda la gracia consigo y dejando la quinta en un manto gris sin luz ni brillo, y a los hombres llorando como por un amor perdido.

    El Escorpión

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