Qué señora tan obtusa

La pobre señora no entendió nada. Me refiero a la Medina, claro. La verdad es que no sabía que las penalidades que se buscó con tanto ahínco la habían vuelto tan obtusa. ¿Vuelto? ¿O es que siempre fue así pero con el éxito la barajaba?

| 08 enero 2009 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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En fin, que las caras se pueden rehacer y las dentaduras rearmar y hasta las pantorrillas reformular, pero lo que titila en las sinapsis no hay quien lo arregle. O sea que no hay doctor Morillas para el cerebro.

Estimada y aletargada señora: lo que hice en la columna que leíste con el odio que te es característico (y que atribuyes a los demás) fue precisamente quejarme de quienes te usan de Potosí y de cajero automático.

Me refiero al mafioso Fantasma que es el dueño de tu canal y a sus empleados domésticos, que siempre te han visto cara de tanda publicitaria y que te han hecho creer que mientras más sin escrúpulos parezcas mejor será para el negocio de las 9 en el 9.

Decía en esas líneas, precisamente, que de esa cárcel tenías que librarte: la cárcel de la presión del mafioso Fantasma que teledirige todo desde su covacha en Miami y la cárcel del personaje que construiste y que ahora parece abrumarte.

Ese personaje que finge dureza cuando no está seguro de casi nada, que simula arrepentimiento cuando las papas queman, que dice que se rectificará cuando se lo mande la Suprema y no la conciencia profesional (masacrada en el camino), y que habla de depresión y deterioro emocional mientras insulta y convierte otra vez el set en una alcantarilla.

¿O es que no eres tan obtusa? ¿O es que el mafioso Fantasma y sus esbirros nativos aquí en Lima te exigieron que me insultaras porque fui el único que recordó que la propiedad del Canal 9 es ilegal y la del 13 es turbia y que el negocio de 30 millones de dólares anuales de tu Canal es una sucia fuga de capital hacia las arcas de un sujeto que bien podría pertenecer al Cartel de Sinaloa?

No creo que hayas obedecido una orden. Mejor es para tu imagen que quedes como una mujer cuyas luces vienen de bulbos pavonados. Es decir, como la señora que no entiende lo que lee y que no lee lo que podría mejorarla (me refiero a esas cosas que todavía venden las librerías).

En fin, señora Medina: que por angas o por mangas has quedado como una hija del Fantasma, como una Uma Thurman de Chihuahua, como dócil socia del chingado propietario que tu Canal se maneja.

Eso se ha visto muy feo, señora. Primero, porque no me has agradecido lo bien que te puse en mi columna (como una víctima de las demandas dinerarias de tu Canal, como el deshumanizado e involuntario cajero automático del Chómpiras ese, casi como ajena a todo el lado oscuro del negocio). Y segundo, porque eso de apelar a tu estado emocionalmente quebradizo mientras insultas a quien se mete con la mafia que se ha adueñado de tu Canal, eso, estimada señora, es tan grosero como desconfigurar una cámara de fotos con tal de no dar tu brazo a torcer.

Y eso de darte besitos simbólicos con tu abogado, francamente, señora, ya no sólo parece promiscuo sino que resulta aburrido. ¿Que no entiendes que gracias a Nakazaki te han condenado a dos años de cárcel (aunque la prisión se te haya suspendido)? ¿Que no entiendes que los consejos cerriles de Nakazaki te han conducido a la trampa de zorros donde has metido la pata? ¿Y así lo entrevistas como si de un héroe se tratara?

Y si no mentiste, ¿por qué anuncias, toda modosita, que si la Suprema te lo pide vas a rectificarte en público? Eso no lo dice una persona inocente. Una persona inocente no se retracta así la Suprema se lo demande con la policía.

Al anunciar tu posible rectificación lo que has confirmado es que mentiste. Y que mentiste después de mentir. Y que seguiste mintiendo cuando dijiste que Nextel había borrado unos registros telefónicos y esa empresa te obligó a rectificar –ella sí- porque pone muchos avisos en tu Canal y tiene el peso que no tiene el futbolista al que difamaste.

Ese es el problema, señora. Te haces la víctima, enterneces a Chuiman y a unos cuantos tontos o medrosos porque eres la mejor actriz secundaria de la televisión, pero, en el fondo, lo que te preocupa es que has quedado como una mentirosa. O sea que tu credibilidad está tan caída como el rating de Magnolia Merino.

Por eso insultas a quien planteó la posibilidad de que te liberaras del personaje que ahora sólo conviene al Canal 9 conservar. Por eso distraes al soberano que se entretiene con tus calzones bajados y tus humos subidos y tus monólogos turbulentos y tus groserías casi siempre impunes.

Además, señora: hay que tener una mentalidad muy servil para creer que mis contadas visitas a tu programa me convertían, para siempre, en tu encadenado fan. Eso está bien para la Natacha de la telenovela. Así ni siquiera piensa la Chimoltrufia, paisana del jefazo.

Hay que recordar que si estuve en ese set, cosa que siempre agradecí, fue porque me invitaste. Y porque era noticia invitarme. Y porque la sintonía no se resintió (sino al contrario) con mi visita. De tal modo que si yo fuera tonto también podría decir que fui usado.

Y hay que recordar, como lo podría hacer tu gentil asistente Kurt Woll, que por lo menos en dos ocasiones desistí de ir a tu programa a pesar de sendas invitaciones.

De modo, señora, que estamos parejos. A mí jamás se me ha ocurrido llamar a alguien a pedirle que no me vaya a criticar porque estuvo de visita en mi programa. Me sonaría patético.

Y en cuanto a eso de que me invitaste cuando era “un apestado de la televisión”, eso es de peor gusto que algunos tintes de pelo color cucaracha.

Es cierto, he sido un apestado de la televisión porque en catorce oportunidades la televisión peruana me ha considerado un réprobo, un desobediente, un rebelde. Y siempre ha sido por el mismo asunto: los fueros de la libertad de expresión, las denuncias que el sistema no acepta, las verdades que la hipocresía quisiera siempre tapar.

De modo que sí, he sido un apestado. Y en muchos sentidos, lo sigo siendo. Y a mucha honra. Y fue muy bueno para tu programa (y bueno para mí) que me invitaras en pleno destierro de la pantalla cuando, por ejemplo, mostré por primera vez el cheque de 20 millones de soles que el gobierno de Toledo le entregó a Baruch Ivcher como compensación “por su martirologio”.

Un apestado, sÑ Que no es lo mismo que apestar moralmente, mi estimada señora.

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César Hildebrandt

Opinión

Columnista

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