¡Qué derecha!

Esta derecha, es bien de derecha, me dijo una amiga mientras conversábamos sobre el llamado “perdón” de Fujimori y la ofensiva contra el congresista y amigo Javier Diez Canseco (JDC). En realidad, el pedido de “perdón” de Fujimori es una burla y una ofensa a las víctimas de la violencia, a sus familiares y a los peruanos. Lo mismo se puede decir acerca del intento por sancionar a JDC por supuestos actos de corrupción. Este hecho, simplemente, es una venganza de los fujimoristas y apristas contra un político que ha luchado gran parte de su vida por moralizar el país.

| 21 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.1k Lecturas
¡Qué derecha!
ESTÁ EN GUERRA ABIERTA
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Las recientes declaraciones del congresista Mauricio Mulder respecto a que “si eres blanco, de apellido compuesto y comunista, entonces eres intocable”, no solo expresan lo que Sinesio López ha llamado “miseria moral” sino también un gran operativo político contra todo aquello que suene a progresismo. Mulder debería voltear los ojos y mirar a su líder Alan García antes de hablar.

Y es que, en verdad, esta derecha –cuyo mentor ideológico y mediático es ahora Aldo Mariátegui- solo puede operar en política anulando al otro, al que no piensa igual. Lo que propone es una guerra abierta contra la izquierda y el progresismo en el país. Por eso sus expresiones son liquidadoras y la mentira, su arma.

Es un remedo o un supuesto jacobinismo que busca tres cosas: a) “cortarles la cabeza” a todos los izquierdistas; b) esconder las tropelías y los negociados económicos de aquellos que defiende; y c) implantar una suerte de “dictadura mediática” para sembrar el “terror”.

Por eso su comportamiento –porque es un simple remedo del jacobinismo- es el de un “sicario mediático” que en algunos casos acepta “encargos”. Lo que se busca es crear un clima político y cultural definido por la intolerancia y una “identidad política” que tiene como su santo y seña el “anti izquierdismo” y el conservadurismo.

La pregunta que hay que hacernos, tomando en cuenta este contexto, es si el comportamiento de esta derecha, digamos, dura (me parece un error llamarla DBA), le conviene al país.

Y si bien la derecha no es una sola, la idea de que existe una buena y otra mala es también otro error. Lo que existe es una derecha autoritaria de talante fascista y otra liberal. El problema, salvo muy pocas excepciones, es que la primera ha terminado por subsumir políticamente a la segunda, lo que demuestra la enorme debilidad democrática de esta derecha liberal, la falta de un proyecto político inclusivo y su subordinación (o falta de independencia) a los poderes fácticos (grandes empresarios, militares, iglesia) que son, justamente, los que están detrás de esta derecha dura, autoritaria y sobre todo mediática.

Que Aldo Mariátegui haya sido escogido como el periodista más influyente –en una encuesta aplicada principalmente a sectores altos- expresa más un gusto (o una opción política) por un tipo de periodismo autoritario que una visión más o menos ponderada de lo que hoy sucede en el mundo de los medios de comunicación. Lo que “gusta” a este sector es más bien un “perro guardián” de sus intereses (o un sicario mediático) y no un periodismo reflexivo.

Por eso me parece un error que la izquierda, ante estos ataques políticos, no solo no responda colectivamente sino que, hasta incluso, se derechice. Lo que viene sucediendo hoy con JDC, y también con la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, son ejemplos bastante demostrativos de lo que busca esta derecha; pero también deben ser vistos como “campos de batalla” en los cuales la izquierda o las izquierdas (no quiero entrar ahora a este debate) debe responder.

La idea de que es mejor “callarse” frente a estos ataques es un gran error, más aún cuando se vive en un mundo donde la política es comunicación puesto que ha sido mediatizada, justamente, por la derecha. Además, la respuesta sería un buen aporte de esta(s) izquierda(s) al debate sobre la democracia en el Perú y un cambio de la agenda política.

Hoy esta derecha no quiere debatir –porque para ella primero están el insulto y la diatriba, es decir la descalificación- sobre lo que viene sucediendo en América del Sur y en algunos países de la región. Tampoco sobre la crisis mundial que, dicho sea de paso, tiene para rato. Menos sobre el proceso de militarización y las posibilidades de guerra en lo podemos llamar la “escena contemporánea”.

Trata de “protegernos” de estos sucesos y de interpretaciones distintas, para que no podamos, como dicen los sociólogos, resignificar lo que hoy nos sucede. Por esos sus “respuestas” son similares a lo que hoy se quiere hacer con el congresista JDC y la alcaldesa Susana Villarán: primero descalificar y luego liquidar. Si hay un pensamiento “totalitario”, hoy día, ese es, justamente, el de la derecha peruana.

Quiere crear un “mundo” que se ajuste a sus intereses y privilegios, que no es otra cosa que un mundo autoritario, sin “conflictos” y sin “adversarios”. Dicho en otros términos es el fin de la política y, por lo tanto, de la democracia.

Por eso responder a la campaña contra JDC, Susana Villarán y otros personajes y líderes de esta izquierda es una tarea urgente. Porque en la suerte de aquellos que hoy la derecha pretende liquidar se juega, en parte, la suerte de la izquierda y de la propia democracia en el país.

Nota.- El fujimorismo no cambia. Al cuadro del “perdón” de Alberto Fujimori, verdadero bodrio, se suma que nos quieren imponer como miembros del Tribunal Constitucional (TC) a Marco Ibazeta y Rolando Sousa. El primero es un exjuez, abiertamente fujimorista, que en estos días ha sido parte importante en la campaña para indultar a Alberto Fujimori; el segundo, fue abogado del mismo Fujimori. Elegirlos, no solo sería una politización extrema del TC sino también un peligro cuando aun no se terminan los juicios a los fujimoristas y militares. La reciente sentencia que libera de culpas a Vladimiro Montesinos, Nicolás Hermoza y Roberto Huamán de los sucesos de la embajada de Japón, es el mejor ejemplo de lo que busca el fujimorismo: la total impunidad.


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Alberto Adrianzén M.

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Parlamentario Andino

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