¿Qué hacer para cambiar la mentalidad judicial?

Los jueces administran justicia en base a los conocimientos que han adquirido en su formación profesional y en la propia función judicial, éstos están impregnados de una ideología del saber jurídico que tiene por importante el saber en sí mismo antes que el propósito del derecho, esto ha determinado que tanto jueces como fiscales sean envueltos en una mentalidad de aplicación normativa y de corrientes de pensamiento jurídico apartados del sentido mismo del Derecho, que es la búsqueda de Justicia.

| 03 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
¿Qué hacer para cambiar  la mentalidad judicial? 1253

Penetrar el enmarañado mundo judicial encuentra el principal tropiezo en esta mentalidad alimentada por razonamientos esquivos de la Justicia, y con la secuencia de limitaciones en la formación de los magistrados provenientes de un sistema de educación superior que no ha cubierto las expectativas de formar profesionales comprometidos con los valores superiores de la Verdad y de la Justicia.

El Poder Judicial tiene jueces que fueron formados por el propio sistema, es decir, ingresaron como auxiliares de justicia y se convirtieron en jueces, éstos tienen la experiencia judicial, la cual muchas veces puede ser buena o mala, buena si se formaron cerca de jueces probos, y mala si desafortunadamente no tuvieron esta suerte. Esto ha hecho que el sistema de justicia esté conformado por jueces buenos y malos, y decimos malos de los deficientemente formados como de los que no tienen una conducta íntegra en la función judicial. Los buenos son aquellos que están bien formados y además son íntegros.

La tarea de reformar la administración de justicia se ha convertido en una misión imposible frente a esta realidad, que no puede ser cambiada con mejores sueldos, mejor infraestructura y tecnología, por cuanto dichas medidas se convierten en estériles frente a una mentalidad judicial que va en contra de los esfuerzos por mejorar la administración de justicia.

Esta mentalidad hace que los procesos en trámite sean vistos por los jueces como un montón de papeles que pocas veces leen, con alegaciones que no desean escuchar ni entender, dado que resolver la controversia dependerá del proyecto que formule el especialista o secretario, el cual les dará cuenta del mismo al momento de la firma, circunstancia en que aprobarán el proyecto haciendo una somera revisión de las piezas principales del expediente.

Esto ha permitido que los secretarios se sientan capaces de decidir sobre el destino de un proceso judicial, lo cual ha hecho que prolifere la corrupción, pues pueden comprometerse a sacar una resolución a cambio de dinero, porque están seguros que el juez la firmará.

Los secretarios judiciales han tomado un protagonismo que la ley no les confiere y son los que están administrando justicia, con excepción de los que trabajan con jueces responsables que estudian y resuelven los casos sometidos a su conocimiento.

Los sistemas de control no alcanzan a detectar esta disfunción, la cual solo es observada por litigantes y abogados, que no denuncian esta irregularidad porque los jueces defienden las resoluciones de sus auxiliares, y afirman que ellos son los que las han emitido a fin de no reconocer que los secretarios están haciendo su trabajo.

Sin embargo, el deterioro de la calidad de la administración de justicia tiene por explicación este problema, que cada vez es más crítico, porque los secretarios están creciendo en el manejo del poder jurisdiccional, y no asumen responsabilidad, porque quien la asume es el juez, no teniendo muchas veces escrúpulo en proyectar y obtener la firma de resoluciones contrarias al recto sentido de la administración de justicia.

Los esfuerzos que se vienen haciendo para mejorar la administración de justicia caen en un hondo pozo donde la mentalidad judicial los devora, y vemos que de nada ha valido el mejoramiento de la infraestructura, las modificaciones legales, el apoyo tecnológico, cuando encontramos que en pleno siglo XXI podemos sufrir las mismas tragedias de que hablaba Ciro Alegría en su novela El Mundo es Ancho y Ajeno, citando conmovedores sucesos de injusticia sufridos por Rosendo Maqui y la comunidad de Rumi en el Poder Judicial peruano del siglo XIX.

Esto nos permite llegar a una conclusión, que la administración de justicia ha conservado la misma mentalidad, porque la forma de enseñar el derecho en dos siglos tampoco ha cambiado, y aunque existen nuevas corrientes jurídicas, lo cierto es que los abogados son formados como acumuladores de conocimientos jurídicos, no capaces de discernir el propósito superior de la Justicia.

Cambiar esta mentalidad requiere cambiar la currícula de Derecho, enseñando a los abogados a ser buscadores de Justicia, a no transar los principios del Derecho por un honorario, a comprometerse con las causas justas, a asumir como un sacerdocio el ser magistrado, a ofrendar sus vidas por causa de defender la prevalencia de la Verdad y de la Justicia. Entonces tendremos más jueces buenos, comprometidos con administrar justicia, íntegros, capaces de enfrentar a todos los poderes porque sus sentencias serán el reflejo de un corazón limpio, y mostrarán que la ley es solo un instrumento de la Justicia.

Reflexionar el Derecho de una nueva manera buscadora de Justicia, es una tarea que les queda por hacer al Ministerio Público y al Poder Judicial, para que los fiscales y jueces puedan verse en un espejo y comprobar la clase de administración de justicia que están realizando y puedan cambiar sus maneras de pensar y administrar justicia, gestándose una verdadera transformación de la cultura judicial del país.

Nos queda alentar este cambio, comprometernos con su desarrollo, y poner todo nuestro esfuerzo para que la justicia sea justa en el Perú.


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Beatriz Mejía Mori

OPINIÓN

Colaboradora