¿Qué puede Alan?

“Siento haber cumplido con la oferta de hacer que los últimos fueran los primeros”, dijo el presidente García en su reciente Mensaje por Fiestas Patrias.

Por Diario La Primera | 03 ago 2010 |    

“¡Faenón!”, acotaron algunas voces, mientras otras, de congresistas y ministros allí presentes, coreaban incansables, en curioso contrapunto, “¡Alan sí puede!”. Hagamos justicia a estas rotundas afirmaciones; las tres son sintomáticas. Lo demás fue un soporífero inventario de obras y cosas entregadas (ciento treinta mil, para el gusto presidencial por referencias redondas). En cuanto a aquello de que “Alan sí puede”, se entiende que los que esto afirman, reconocen que al menos ellos no pueden lo que Alan, ni lo pretenden. Tampoco hace falta que lo digan. Queda claro que sin su cariño nada son. Se acostumbraron a idolatrarlo con delirio y sus vidas serán un martirio si no están más junto a Él, pendientes de su candidatura al 2016, olvidando que la vida te da sorpresas.

Lo de “¡Faenón!” tiene obvias resonancias que, a juzgar por el grado de impopularidad de García, la ciudadanía no pierde de vista. Alude no sólo a la galopante corrupción de los palaciegos, sino también a esa otra inmoralidad de que los primeros sean cada vez más primeros y los últimos más últimos (para el año pasado, el coeficiente Gini, que mide los niveles de desigualdad socioeconómica, muestra que ésta aumentó en el Perú de 0.479 a 0.496). En una economía en crecimiento, esto es ciertamente es inmoral, como lo es dejar que los niños de las alturas mueran de frío, sin calefacción, mientras el gas, que también les pertenece, se envía fuera del país y de su alcance, a precios regalados.

Y, a propósito de últimos y primeros, de obras y cosas, no está de más notar que, en cuanto a educación, esta vez el Presidente tampoco tuvo más idea que ponderar la “modernización” de algunos colegios y la creación del Colegio Mayor que, además, lo alude convenientemente, al denominarse “Presidente de la República”.

Más allá de lo discutible que es identificar la modernidad con cosas, perdiendo de vista las relaciones sociales y las conductas, cabe evaluar la prioridad y urgencia de demoler paredes en aquellos colegios para, cual novísimas vitrinas (todas situadas en lugares de alto tráfico), revestirlos de vidrios polarizados, mientras en la propia Lima Metropolitana hay colegios con ladrillos por asientos y esteras por paredes. Igualmente, acoger en el Colegio Mayor sólo a los alumnos de mejor desempeño, no es precisamente una señal de propiciar que los últimos se acerquen al menos un poco a los primeros.


    Zenón Depaz Toledo

    Zenón Depaz Toledo

    Opinión

    Columnista