Prohibido pensar

A Soberón lo quieren crucificar por lo que piensa.

Y es que nadie puede haber dicho alguna vez que la erradicación es ilegal e injusta, y luego aparecer al frente de Devida. ¿Cómo va a ser? Si esa institución se armó con o por los Estados Unidos que es el que le ponía los fondos y lo supervisaba, y ahora se quiere que ni más ni menos que su jefe esté en desacuerdo con lo que se ha hecho.

| 14 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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Si Soberón cuestiona las erradicaciones como se han venido haciendo, como una operación de guerra contra pequeños productores, porque agudizan el problema social y no detienen el negocio ilícito, debe ser porque este abogado e investigador social quiere que crezca el narcotráfico.

Y si dice a los dirigentes en carta, interceptada con el viejo método del chuponeo (que ahora ya no escandaliza), que no se puede detener todas las erradicaciones y que lo que está trabajando es en construir una nueva visión del problema de la coca y las drogas, tiene que ser porque usa un doble discurso: uno ante los cocaleros invitándolos a negociar, y otro diciendo que la reducción de cocales no debe hacerse sin negociación.

No hay nada que no se entienda en los reclamos del premier Lerner para que le den tiempo a Soberón para mostrar sus resultados. Pero precisamente es tiempo lo que no quieren darle. Y esto es así porque la opinión que hoy confunde coca con cocaína, cocalero con narcotraficante, puede terminar despejándose.

El país que normalmente ha vivido de espaldas a la pobreza rural, a la Amazonía y a los escenarios de violencia, tiene obvias dificultades para entender lo que está pasando: claro que se da cuenta que las erradicaciones no resuelven nada y que a las mafias nadie las toca. Pero, ¿no será cierto eso que dicen que parar la erradicación empeorará el problema ya que siquiera es algo, mientras no se pueda detener el flujo de insumos y los movimientos financieros de los grandes narcos?

Es que a la distancia nadie siente el problema social del cocalero, sus bajísimos ingresos, su endeudamiento hacia los acopiadores, sus enfrentamientos con los miembros del CORAH y con las organizaciones armadas. Una bomba de tiempo que se ha creado en muchos años de error sistemático. Una realidad trágica que los dirigentes la han visto hace mucho por lo que han buscado interlocutores de distintos tipo político, institucional y estatal, para hallarle una salida.

Pero cada vez que han encontrado alguien del Estado que hable con ellos y escuche sus propuestas, incluidas las referidas al desarrollo alternativo, se ha armado tal batahola que los puentes se han roto y se han agudizado los conflictos. Durante el gobierno del APRA hubo la crisis de las actas de Tocache y Quillabamba que derribaron al ministro Salazar, y la operación Eclipse por la cual se descabezó varias dirigencias cocaleras del Huallaga acusándolas falsamente de narcoterrorismo.

Es decir nos movemos de mentira en mentira para mantener la ficción de un combate antidrogas que es un equivalente a los combates mentirosos que Estados Unidos despliega a lo largo del mundo (Afganistán, Irak, Libia, y otros). Aquí también tenemos que tragarnos la mentira. Es el precio de la soberanía sacrificada por unos dólares más.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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