Privatismo y pauperización en la universidad

Desde el año 2006 la matrícula en las 58 universidades privadas creadas (hay otras 13 en lista de espera) supera ampliamente a la de las 35 públicas. Si sumamos las filiales o modalidades sin control alguno, como la educación a distancia, este fenómeno es aún de mayor magnitud. De hecho, la educación universitaria en nuestro país se ha privatizado y tal tendencia se acentúa. Pero, en el sector privado hay universidades y “universidades”: están aquellas sin fines de lucro, cuya propiedad corresponde al conjunto de su comunidad universitaria (como la UPCH, la PUCP, UPAO o la UCSM); y, aquellas otras creadas al amparo del DL 882, emitido por el fujimontesinismo, con explícito fin de lucro. Son estas últimas las que tienden a crecer sin control y es también en ellas donde cunden las filiales y la denominada educación “a distancia”.

Por Diario La Primera | 23 set 2008 |    

Esta tendencia halló soporte en el discurso neoliberal que propone un retraimiento del Estado en su atención a demandas sociales básicas, como la educación y la salud, para dejar que las resuelva el mercado. No obstante, ni en la Inglaterra de Thatcher o en el Chile de Pinochet (fetiches políticos de aquel discurso) el fundamentalismo fue tal que perdieran de vista el valor estratégico de la universidad pública en la producción de ciencia y tecnología, factor de poder decisivo en la sociedad del conocimiento. Las universidades más sólidas allí, como en el resto del mundo, son públicas. La investigación científica, cuya rentabilidad –de primer orden– se aprecia en el mediano y largo plazo, no es una actividad compatible con la lógica de rentabilidad de corto plazo al que atienden las universidades con fines de lucro, que por ello tienden a proveer carreras de escasa inversión en logística o formación de cuadros. Las universidades que desarrollan investigación en nuestro medio son o públicas o privadas sin fines de lucro las que, por lo mismo, tienden a un mayor cuidado de la calidad académica. Más allá de la propaganda falaz, así lo percibe la ciudadanía, a juzgar por datos como la tasa postulante-ingresante (mayor en estas universidades) como la que muestra el reciente examen de admisión de la UNMSM (12:1), dando cuenta de una alta selectividad, mientras en la casi totalidad de universidades con fines de lucro no hay número para las vacantes que ofrecen y, por tanto, tampoco selección –ni exigencia de inicio o posterior– alguna.


    Zenón Depaz Toledo

    Zenón Depaz Toledo

    Opinión

    Columnista