Primero de mayo de 2013

Si hay un concepto perdido en el discurso político actual es el de trabajadores, los forjadores de riqueza, que parecen no existir en un proyecto como el de Ollanta que promete una sociedad en crecimiento con inclusión social, es decir más inversiones con abundancia de programas sociales para pobres.

| 01 mayo 2013 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores |1.1k Lecturas
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El último domingo, a tres días del Día de los Trabajadores, el presidente volvió a olvidarse de este componente esencial de la sociedad, aún para un elemental saludo, y dio vuelta por incontables temas sobre la posibilidad de intervenir en la compra de activos de Repsol, la inversión privada, la consulta previa, el viaje a Venezuela, la no negada candidatura de Nadine, etc.

Pero sobre el eterno silencio de la ministra de Trabajo, asociada a los estudios de abogados que asesoran empresas contra los sindicatos; el entrampamiento perpetuo de la Ley del Trabajo; la persistencia de los regímenes laborales especiales que defienden los ministros de Comercio Exterior y Agricultura que recortan los derechos de los trabajadores; la mantención de leyes antisindicales; el retraso de los salarios; etc.; nada que decir.

Es como si sobre este tema se concentrara la naturaleza de fondo del actual régimen político. No olvidar que con la instalación del neoliberalismo vía golpe de Estado, lo que se desató fue una ofensiva contra los trabajadores para mermar sus derechos en nombre de bajar el costo laboral de las empresas, despedir supuestos excedentes en el sector público y privado con normas que facilitaban echar trabajadores a la calle, debilitar los sindicatos vistos como factores de resistencia.

Durante 20 años esta relación de fuerzas se ha mantenido. En el período de la dictadura a pura fuerza y arbitrariedad, y en el de la “democracia” mediante la trampa de dejar la decisión sobre el tema laboral en el llamado Consejo Nacional del Trabajo, una entidad paritaria de gremios patronales y sindicatos, en la que nunca se llega a ningún acuerdo porque ambas partes tienen perspectivas contrapuestas: los empresarios consideran bajar aún más los derechos y abaratar todavía más el “costo laboral”, y los trabajadores que deben restablecerse los derechos conculcados para lograr recomponer una relación más equilibrada capital-trabajo.

Ollanta Humala, quien ha empezado a hablar de un mejor equilibrio Estado-mercado, lo que ha escandalizado a la derecha criolla, evita cuidadosamente opinar sobre otro desequilibrio clamoroso que se da en el trato entre capital y trabajo. Puede hacerlo porque la situación organizativa de los trabajadores aún es débil y no es una presión suficiente para un gobierno acostumbrado a moverse entre aguas encontradas. Esperamos que este primero de mayo sea un momento de reflexión para abrir una nueva etapa en la lucha de los trabajadores por sus derechos.

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Raúl Wiener

Raúl Wiener

POLITIKA

Analista