Preparando la exposición

Para muchos el ser elegido para hacer una presentación en público resulta una invitación tan importante como terrible. Uno de los temores más comunes en el común de los mortales después del temor a volar en avión es el de hablar en público.

Por Diario La Primera | 03 oct 2010 |    

Se juntan el temor a equivocarnos con el temor a hacer el ridículo, que se rían de nosotros. Resulta entonces muy cómodo decir no a la invitación; sin embargo nuestro valor para la empresa en la que trabajamos puede disminuir considerablemente después de tomar esa decisión ¿Qué hacer entones? Una buena preparación y la aplicación de algunas técnicas pueden fácil y rápidamente revertir ese miedo y convertir nuestra intervención en un suceso agradable. El principio es simple: lograr ser lo más natural posible, es decir, ser nosotros mismos. Si nos invitan a exponer es porque saben que conocemos el tema y entonces debemos pensar en hacerlo como si se lo contáramos a un amigo sentados en una mesa acompañados por un café. Hablar en público es como una conversación pero en voz alta.

Una buena preparación debe considerar tres partes: Introducción, Cuerpo y Conclusiones.

La Introducción debe comunicar al auditorio que usted está frente a ellos y que está contento de estar ahÑ En este momento usted debe comenzar por saludar a los asistentes, cautivarlos, informarles que es lo que va a decir, cuanto tiempo va a utilizar para decirlo y por qué es importante que escuchen lo que va a decir. Este es el momento en el que usted debe hacer uso de toda su espontaneidad, creatividad y simpatía para crear un clima cordial, amable y cercano, obviamente a partir de una expresión corporal relajada y con la energía y entusiasmo que le dan todas las ganas de comunicar lo que sabe. Esta parte debe durar el 10 % del tiempo total de su exposición.

El Cuerpo es el mensaje principal que se desea transmitir al auditorio. Estamos hablando de no más de tres ideas principales sobre el tema que usted domina, no necesita contarlo todo, ya que terminaría por matar de aburrimiento a los asistentes. Es importante que usted prepare su exposición deteniéndose en este punto y consiga encontrar esas tres ideas clave las que repetirá con distintas palabras, utilizando ejemplos o vivencias propias, un máximo de tres veces durante su intervención. Es común ver a expositores que no hacen caso de esta recomendación y abundan en detalles y se van por las ramas a partir de un tema consiguiendo así que nadie entienda lo que dicen y por consiguiente aburriendo al auditorio. Aquí invertiremos entre el 70 % y el 80% del tiempo que se nos ha asignado.

La Conclusión es el resumen y el momento de reforzar los conceptos. Es importante explicar en pocas palabras, si es posible en una frase, por qué ha dicho usted todo lo que ha dicho y sobre todo qué aplicación o qué utilidad tiene para quienes lo han escuchado y luego despídase y agradezca la atención. Al igual que la introducción esta parte debe emplear más o menos el 10 % del total. Debemos dejar siempre un tiempo para las preguntas que nos puedan hacer.

La próxima vez que lo inviten para hacer una exposición acéptela como una oportunidad de mejora y pruebe poner en práctica este esquema, le aseguro que le irá muy bien.


    Jaime Lértora

    Jaime Lértora

    ¡Habla Jaime!

    Columnista