¿Premier o Primer Ministro?

Al final del Consejo de Ministros es costumbre informar a los medios de los asuntos tratados. Si le interesa, amigo lector, estar enterado de la marcha política, haría bien en prestar atención a lo que allí se dice, es un buen ejercicio de civismo. Voy a tratar aquí el uso de algunos cargos que, por mal utilizados, colaboran a distorsionar la correcta información a la que los ciudadanos tenemos derecho. En una de las últimas de estas ruedas de prensa, se produjo este diálogo:

| 23 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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Presidente del Consejo de Ministros: “…los dejo entonces con el Ministro de Defensa”.

Ministro de Defensa: “Gracias, Premier…”.

Bien pudo haber dicho también: “gracias, Primer Ministro”, ya que ambas denominaciones, Premier y Primer Ministro, las escuchamos y leemos a diario. Resulta, sin embargo, que ninguna de estas denominaciones o cargos figuran en nuestra Constitución Política. Allí se habla (Capítulo V, artículos 122 y 123), de un Presidente del Consejo de Ministros y no de un Premier ni de un Primer Ministro.

Y esto no es poca cosa, ya que vivimos en un mundo globalizado y pudiéramos creer que nuestro Presidente del Consejo de Ministros tiene en nuestro país poder equivalente al de Ayrault, Premier de Francia, o al de Cameron, Primer Ministro Británico, cosa que no es cierta, ya que en nuestro país ese poder lo tiene el Presidente de la República.

Conocer nuestra Constitución Política, difundirla, entenderla, incorporarla, debiera ser nuestra primera obligación. Comunicadores y políticos deben esforzarse en cumplir este propósito hablando y escribiendo de manera clara y precisa.

Una buena manera de empezar a hacer esto es no confundiendo, no inventando cargos, como por ejemplo el de Primera Dama (la palabra dama no aparece en el texto constitucional) o llamando Presidente a quien ya no lo es.

Nuestra educación no es de las mejores, eso lo sabemos bien, pero ello no es motivo para que lo que se necesita saber o conocer se sepa o se conozca mal. Escucho y leo, por ejemplo, a los partidarios de un expresidente que está preso, reclamar por sus derechos.

Hasta donde alcanza mi saber, los presos están presos porque han sido juzgados y, en este caso, sentenciados y por lo tanto sus derechos están suspendidos mientras dure su condena.

No cabe entonces el reclamo y menos aún llamarlo “Presidente”. Los mismos estudiantes de quienes se quiere que no olviden la historia reciente, pudiesen preguntarse entonces, ¿por qué está preso el Presidente?

No es solo en la política en que esta colaboración con la terminología se hace presente, en la actuación por ejemplo se regalan los “primer actor nacional” y “primera actriz nacional”. No conozco de alguna jerarquización ni cuál sea el criterio aplicado, pero el mal uso acostumbrado es el que señalo.

En una reciente nota en un diario local, en la que se pretende destacar la presencia cada vez más significativa de la mujer en diferentes campos del quehacer nacional, termina una larga lista de personalidades femeninas con “…y la de lejos primera actriz nacional Magaly Solier.” Me parece que nos vendría bien más claridad y precisión en nuestra comunicación para alejarnos de estos excesos.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista

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