Precios agrarios y ceguera oficial

El 16 último, en CONVEAGRO, el parcelero iqueño Luis Alberto Montoya Díaz narró entre lágrimas su inminente desgracia, por haber sembrado espárrago en vez de algodón, siguiendo los consejos del Ministerio de Agricultura y COFIDE, ante la ilusión del APC-TLC con Estados Unidos.

| 19 diciembre 2008 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 534 Lecturas
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“Últimamente, el precio ha caído a 20 centavos de dólar por kilogramo, lo cual no alcanza para cubrir ni el costo de la mano de obra y mucho menos para pagar el crédito recibido para instalar la plantación con riego tecnificado y mantener el cultivo”, musitó, para luego recordar que hasta hace sólo tres meses percibía sobre 1.20 dólares. Idéntico drama hoy afrontan centenas de pequeños productores que sustituyeron sus cultivos tradicionales por exportables, como espárrago, alcachofa y páprika; lo mismo que innumerables ex cooperativistas que vendieron sus parcelas a grandes empresas agroexportadoras, para enrolarse como peones de éstas y que ahora se han quedado sin chacras ni empleos. Pues como el mercado norteamericano se ha retraído drásticamente, a raíz de la crisis financiera internacional, los exportadores han dejado de comprar los volúmenes de antes, además de despedir gente, para aliviar sus costos.

Ahí mismo, el presidente de la Sociedad Peruana de Criadores de Alpacas, Héctor Carrasco Flores, denunció que el precio de la fibra alpacuna se ha desplomado nuevamente hasta la miseria de 4-5 nuevos soles por libra, en perjuicio directo de unas 200,000 familias altoandinas. En este caso, ello obedecería a la concertación de cuatro grandes empresas compradoras, procesadoras y exportadoras. Pues éstas, antes de 1998 pagaban 27 nuevos soles por libra de la raza “Suri” y 18 por la de “Huacaya”, pero a partir de dicho año no sólo dejaron de reconocer tal diferencia, sino también pasaron a imponer cotizaciones inicuas, ante la clamorosa desorganización de los alpaqueros y la insensibilidad absoluta de los gobiernos de turno.

Paralelamente, prosigue la pérdida de rentabilidad del algodón (más de 60%), del maíz amarillo duro (más de 50%) y de la agroindustria azucarera (más de 40%), por el alza de los costos de producción y la competencia desleal de las importaciones subvaluadas en el exterior.

Y mientras todo esto ocurre en el campo, en Agricultura los aún supérstites diligencieros prolatifundistas del ex ministro Benavides siguen casi exclusivamente empeñados en consumar los inconsultos y muchos de ellos inconstitucionales decretos legislativos relacionados con el TLC; en vez dialogar y concertar con las organizaciones agrarias para desactivar las bombas que pueden hacer añicos a los ingresos rurales y la seguridad alimentaria del país.

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Reynaldo Trinidad Ardiles

Opinión

Columnista