¿Prácticas empresariales anómalas?

Muchas empresas y gremios empresariales se ufanan en señalar que los precios de sus bienes y servicios se están incrementando por encima de la inflación. Esto se lee en las secciones de negocios de los diarios y en otras publicaciones especializadas.

| 11 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.9k Lecturas
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El anuncio de una elevación de los precios de las viviendas, o de cualquier otro producto es para ellos una señal de éxito. También algunos restaurantes se vanaglorian erróneamente por el tiempo de sus listas de espera. Efectivamente estas son señales de que la demanda excede a la oferta. Sin embargo, también reflejan una incapacidad de atención y de prácticas empresariales inadecuadas.

La imposibilidad de atender la demanda con calidad es un problema. Un menor nivel de producción respecto de la demanda es el cultivo perfecto para los sobreprecios que afectan negativamente el excedente del consumidor. La discriminación de precios es una práctica empresarial, que en algunos casos podría llegar a constituirse en el ejercicio de posición de dominio, que afectaría al consumidor, al generar ganancias extraordinarias. Este resultado se encuentra alejado del equilibrio competitivo o de competencia perfecta que maximiza el bienestar social.

El objetivo de maximizar ganancias es legítimo y es el motor de las decisiones de inversión. Sin embargo, la falta de respuesta de las empresas existentes u otras nuevas para atender la mayor demanda refleja problemas. En condiciones normales y con una rentabilidad por encima del costo de oportunidad del capital se debería esperar una ampliación de la capacidad instalada. Asimismo, en una economía de mercado hay un objetivo de ampliar mercados y escalas de producción para aumentar la productividad, reducir costos y mejorar las posibilidades de colocación de los bienes y servicios. Si ese no es el caso, habría evidencia de fallas de mercado o de una estructura de mercado no competitiva.

Industry Weeks realiza un concurso anual para seleccionar las mejores plantas manufactureras de EE.UU. Obviamente ganan quienes tienen mejores estándares de calidad, tecnología, orientación al cliente, mejores relaciones con los proveedores, tecnologías, flexibilidad operativa, mantenimiento, respeto al medio ambiente y seguridad, menor ciclo para el desarrollo de productos, productividad, reducción de costos de manufactura y buenos resultados de mercado. Se premia también a la planta cuyos trabajadores tienen capacidad para tomar decisiones. A diferencia de muchas de nuestras empresas, triunfa quien aplica mejor todas las prácticas anteriores, reduce costos y precios a favor de sus clientes y gana dinero. Esa es la economía de mercado que necesitamos.

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Germán Alarco Tosoni

Opinión

Profesor Universidad del Pacífico