Postura empática

La aspiración de todo comunicador debiera ser el procurar ser cada vez más creíble y cada vez más querible, para aquellos a quienes se dirige. Ayuda a ser más querible algunas cuestiones como la amabilidad, la consideración, la atención y sobre todo la cercanía. Esta última se comprueba corporalmente a través de la postura empática, esto es con los hombros hacia adelante, aproximados a quienes nos estamos dirigiendo. Esta postura es reconocible estando quien comunica tanto de pie como sentado.

Por Diario La Primera | 15 jul 2012 |    

¿Por qué se reconoce la postura empática como cercana, amable o querible? Pues entre otras razones porque esa fue la primera imagen que vimos repetidas veces cuando niños, cuando se nos amamantaba en los brazos de nuestras madres.

La seguridad del alimento, del calor, del cariño, se nos fue grabando en el cerebro y la reconocíamos en esos hombros maternos que nos envolvían aproximándosenos, acogiéndonos.

De ese momento en adelante estamos programados, vamos a decirlo así, para reconocer como alguien cercano, confiable, a quien fuera que se dirige a nosotros de esa manera, es decir, con una postura empática y esa postura es la que adoptamos para cuando nos dirigimos a nuestros afectos más cercanos: padres, hijos, pareja, amigos, incluso con nuestras mascotas.

Es harto conocida la importancia del lenguaje corporal como complemento o reforzador de lo que decimos por lo que no debiéramos pasar por alto este asunto de la postura empática y, siempre con la mira puesta en comunicarnos cada vez de mejor manera, preguntarnos si la estamos manejando adecuadamente en nuestras relaciones interpersonales tanto en lo social como en lo laboral.

De los muchos espacios de comunicación en los que actuamos uno muy importante es cuando nos corresponde dirigirnos a un auditorio que espera escuchar de nosotros algo que le resulte beneficioso.

El ejercicio de la exposición requiere, entre otros puntos de concentración, el crear confianza, propiciar un ambiente amigable para que el auditorio se sienta cómodo y dispuesto a aprender, a dejarse modificar por aquel que le está hablando.

Algunas veces un expositor dominado por los nervios ofrece una postura tensa, con los hombros hacia atrás, el mentón hacia arriba, la mirada esquiva, con lo que consigue distanciase del auditorio que no lo percibe cercano, amable, confiable y pudiese pensar que tiene ante sí a una persona arrogante, con aires de superioridad o desganada.

Lo contrario, es decir un expositor en perfecto control de sus nervios, se mostrará relajado, con una postura empática: hombros hacia adelante, la mirada hacia el auditorio, el rostro hacia adelante, será reconocido como alguien cercano, confiable, ganoso, entusiasta.

Quizás se esté preguntando, amable lector ¿Cómo trasladar la naturalidad de esta postura al ambiente de una exposición? Todo parte de la mirada, del contacto visual con el auditorio, con quienes nos están escuchando.

Si realmente me estoy dirigiendo a ellos, si mi propósito es claro, entonces mi cuerpo seguirá a mi mirada y nacerá esta postura de manera natural, ayudándome a ser mejor recibido por el auditorio.

    Jaime Lértora

    Jaime Lértora

    ¡Habla Jaime!

    Columnista