¿Popular? ¿revolucionaria? ¿antimperialista?

De modo por demás elocuente, los decretos 1015 y 1073, emitidos de manera inconsulta con la intención de propiciar la privatización de las tierras comunales, se han instalado en el imaginario colectivo –variable decisiva en política- como la “Ley de la selva”, denominación cuyas connotaciones remiten tanto a una intención depredadora como a la percepción de su origen autoritario. Como corroborando ello, no obstante la aprobación de su derogatoria en el Congreso, en lo que constituye el más duro revés político del actual gobierno, éste pretende observar aquella decisión, aduciendo que los que se oponen a tales medidas buscan “cerrarle el paso al desarrollo y a la modernidad del país”. En esta manera de entender la modernidad y el desarrollo bien puede hallarse uno de los elementos que han hecho posible la trasmutación del antimperialismo del Apra, en la asunción fundamentalista del proyecto de globalización transnacional del que García pretende hoy liderazgo -¿o peonazgo?- regional.

Por Diario La Primera | 26 ago 2008 |    

El advenimiento de la modernidad en Europa se produjo, en efecto, en el marco político autoritario de los estados nacionales, que promovieron la centralización del poder y la homogenización cultural coercitiva de las poblaciones sometidas, garantizando así la acumulación originaria del capital, en una lógica productiva igualmente homogenizante que a su vez exigió un intenso proceso de expropiación de tierras, imponiéndose sin las características idílicas que ponderan los predicadores del “libre” mercado. Los cambios más recientes en los patrones productivos y las lógicas de vida en curso han puesto en cuestión al menos la homogenización productiva y cultural, abriendo paso a un franco reconocimiento del potencial creativo de la diversidad y el valor democrático del disenso. Desde una lectura lineal de la historia, hoy obsoleta, Haya de la Torre postuló que el desarrollo exigía recorrer todas las etapas históricas de la modernidad, incluyendo aquella de formación del estado nacional y acumulación originaria del capital que, en nuestro caso, promovería el estado antimperialista. Abandonada la retórica antimperialista, el fetichismo de un desarrollo entendido aún con vocación homogenizante, conduce al culto servil del capital transnacional y el recurso a prácticas autoritarias para establecer reglas de juego funcionales a sus intereses.


    Zenón Depaz Toledo

    Zenón Depaz Toledo

    Opinión

    Columnista